Europa ante los refugiados africanos

(All?) Refugees Welcome

Este martes 22, se reunieron, por segunda vez en ocho días, los ministros de Interior de la Unión Europea y aprobaron que, en dos años, acogerían y se distribuirían entre los Estados miembros 120.000 refugiados. Esta cantidad se suma a los 40.000 que la Comisión Europea pidió reubicar en mayo, resultando 160.000 las personas acogidas. Pese a ser todavía “una pequeña parte del total”, hay que reconocer que esta ola de interés por los refugiados no tiene precedentes y ha obligado a los representantes europeos a trabajar en una política de refugio más amplia. Sin embargo, entre migrantes y organizaciones humanitarias, crece la preocupación a que estén dividiendo a las personas que llegan a Europa en dos clases, preparándoles dos bienvenidas diferentes.

No solo sirios

Según la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), aproximadamente, la mitad de quienes han llegado a las costas europeas en lo que va de 2015 han sido sirios; la mayoría, cruzando de Turquía a Grecia. Pero, gran parte de la otra mitad han sido africanos, que han cruzado de Libia —todos los conflictos africanos rebosan en la costa libia, en el territorio comprendido entre las ciudades de Zuwara y Misrata— a Italia, una ruta más letal en la que se calcula que han muerto más de 2.800 personas solo en 2015 —y eso que solo Médicos Sin Fronteras habría salvado de morir en el Mediterráneo a 11.482 personas—.

No en vano, de los 16 países de donde procedían los 19,5 millones de refugiados registrados en 2014, 9 son africanos: Somalia, Sudán, Sudán del Sur, República Democrática del Congo, República Centroafricana, Eritrea, Ruanda, Liberia y Burundi. Como afirmaba hace unos días Chris Friesen, un abogado canadiense especializado en inmigración, “la prioridad número uno de reasentamiento en el mundo es, actualmente, el continente africano, donde 21 países están generando refugiados en un porcentaje espectacular”.

Muchas de estas personas se quedan en el continente y se desplazan a los países limítrofes al suyo —son las denominadas migraciones interafricanas, que aborda el profesor Mbuyi Kabunda en este libro—. Ejemplo paradigmático es Dadaab, el mayor campo de refugiados del mundo, ubicado en el nordeste de Kenia. Compuesto, a su vez, por cinco campamentos, en mayo, su población se calculaba en 350.000; hoy, ya se habla de que acoge a 470.000 personas. Muchas han estado esperando allí durante 30 años; toda una generación que no conoce otra cosa que esperar.

Por otro lado, también los hay que huyen del continente. Si bien los eritreos están recibiendo algo más de cobertura, no solo son eritreos, también hay nigerianos —obligados a dejarlo todo atrás por las acciones de Boko Haram—, somalíes, congoleños o sudaneses. Pero, ¿por qué no se habla de ellos? ¿Por qué no están recibiendo la misma atención que los provenientes de Siria? ¿Acaso no son merecedores del mismo estatus?

¿Migrantes o refugiados?

Este verano, se hizo viral este artículo de Al Jazeera en el que se argumentaba por qué el director de informativos de la cadena, Salah Negm, decidía dejar de emplear el término ‘migrante’, para referirse a los cientos de miles de personas que arriesgan sus vidas para llegar a Europa, y sustituirlo por la palabra ‘refugiado’. Así, una cosa son los llamados migrantes económicos, que abandonan sus hogares en busca de un mejor nivel de vida en otro país, y otra cosa son los refugiados o, mejor dicho, demandantes de asilo que aspiran a convertirse en refugiados en el Estado receptor, al que llegan escapando de una situación de persecución o conflicto en su país de procedencia. No hay duda de que este último es el caso de los sirios, que vienen al viejo continente huyendo de una guerra que dura ya más cuatro años; pero, ¿qué pasa con congoleños y sudaneses?

El conflicto persistente que se vive en el este de la República Democrática del Congo (RDC) desde hace más de veinte años generó, en 2014, 2,7 millones de desplazados internos y 430.000 refugiados, que se dirigieron a los países vecinos (Burundi, Ruanda, Uganda y Tanzania) y, muchos, más allá. En Sudán, donde casi siete millones de personas dependen de la asistencia humanitaria, se prevé que, a finales de 2015, habrán salido del país 460.000 solicitantes de asilo, huyendo de un Estado represor, devastado por la guerra que se inició en diciembre de 2013 contra Sudán del Sur.

Teniendo en cuenta esta realidad, las personas que vienen de la RDC y de Sudán no deberían ser consideradas migrantes, sino refugiadas pues alcanzan Europa huyendo de sendos conflictos. Es decir, no migran para mejorar su nivel de vida sino, directamente, para salvarla. Por esto, son merecedores de asilo.

Además, en una coyuntura de afluencia masiva de refugiados que huyen de la violencia, ACNUR reconoce que “no existe, y difícilmente podrá existir, la capacidad de llevar acabo entrevistas individuales para el reconocimiento de la condición de refugiado a todas las personas que han atravesado la frontera”. Por lo que, ante lo impracticable de realizar esas entrevistas concesivas de asilo, aparte de lo innecesario ya que “la razón de su huida es generalmente evidente”, las comunidades eritrea,  así como congoleña y sudanesa e, incluso, somalí, nigeriana y centroafricana deberían recibir idéntica consideración y acogida que la comunidad siria.

Fondo para África

Sin embargo, mientras para los sirios se impone el reparto por cuotas entre los Estados miembros de la UE, para los subsaharianos, se recurre, sin disimulo, a la contención de los flujos migratorios. En este sentido, el pasado 9 de septiembre, Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, anunciaba la creación de un nuevo fondo para África. Dotado de 1.800 millones de euros, este fondo, que crearía puestos de trabajo en África para reducir “la desestabilización, los desplazamientos forzosos y la migración ilegal”, nace con el objetivo de dirigirse a “las causas de la migración irregular en África” para prevenir futuras crisis o, dicho de otro modo, es dinero para convencer a los africanos de que se queden donde están en lugar de venir a Europa. Lo que obvia esta aparentemente solidaria iniciativa es que, durante el tiempo en que estos programas se ponen en marcha, miles de migrantes africanos seguirán aguardando en las fronteras europeas para continuar con sus vidas. Por su parte, España ya ha confirmado su participación en este fondo.

Solidaridad selectiva

Esta semana, Óscar Mateos abordaba, en su blog, el caso de Osama Abdul Mohsen. Osama fue una de las víctimas de las inhumanas zancadillas de la periodista húngara Petra Laszlo y, gracias a este lamentable suceso, ha conseguido empleo, un hogar para sus hijos y abrumadora atención mediática aquí, en España. Como él, otros refugiados sirios se han convertido, sin querer, en representantes del drama de la emigración forzosa. También ocurrió con Aylan Kurdi, el niño sirio de tres años cuyo cuerpo inerte en la orilla de una playa turca ha sacudido la conciencia de Occidente. Ante estas historias personales, se despierta lo que Mateos designa como solidaridad selectiva. ¿Y si, a su vez, la solidaridad seleccionara en función del sitio de origen de los refugiados?

No solo son sirios los que tienen que ser bienvenidos”, decía Giovanna Di Benedetto, la portavoz de Save the Children en Sicilia, en alusión al Refugees Welcome esgrimido por varias ciudades europeas como muestra de acogida y solidaridad. Di Benedetto, enseñando, desde su móvil, fotografías de niños africanos muertos en una playa libia, se pregunta si la piel blanca de Aylan Kurdi, muerto en semejantes circunstancias, habrá marcado la diferencia entre la rápida reacción ante su tragedia y la inacción de todos estos años en que han desaparecido cantidades ingentes de africanos en el Mediterráneo.

Esperemos que no y que, de verdad, sean bienvenidos todos los refugiados.

 

Foto de portada: Zsíros István.

(Gran Canaria, 1987) Periodista y comunicadora audiovisual apasionada por África Subsahariana. Máster en Culturas y Desarrollo en el continente vecino. Enganchada a las redes sociales, donde se me pasan las horas siguiendo la actualidad de casi todos los ámbitos. ¿Que qué temas me interesan de África? Uf, ¡¿cuáles no?! Todo lo artístico y social, lo relacionado con la mujer africana, la afrodescendencia, pero también las relaciones políticas y económicas, como la Françafrique y Chináfrica, y la implantación de las nuevas tecnologías.

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