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El ¿nuevo? saqueo de la región subsahariana

A lo largo de los últimos años, numerosas voces han defendido que África Subsahariana estaba en el punto de convertirse en una superpotencia económica. Razones no les faltaban: reducción de conflictos, mayores niveles de democracia, altas tasas de crecimiento económico y la masiva llegada de inversión extranjera directa, entre otras, ciertamente apuntaban hacia esta dirección. El Africa rising, la emergencia africana. Reforzado por el nuevo boom de los hidrocarburos que ha desplazado la frontera extractiva hacia el este del continente, este “afroptimismo” afirma que África dejará atrás una historia moderna caracterizada por la pobreza y el subdesarrollo.

Sin embargo, este optimismo económico no ha acabado de beneficiar a la población africana traduciéndose en mejores índices de desarrollo humano, mayor acceso a servicios básicos, etc. Las débiles estructuras en las que se fundamenta este dinamismo económico –la exportación de materias primas, fundamentalmente–, dejan el destino de las economías africanas a merced de la demanda exterior y con escasa capacidad para generar empleos estables y de calidad.

El contexto global y las instituciones globales que marcan las reglas de juego en la arena internacional apenas dejan espacio político a los países más pobres y menos influyentes, como los países africanos, para indagar y experimentar con políticas industriales activas.

Pero el saqueo va mucho más allá. A pesar de las diferencias entre el conocido expolio colonialista y este relativamente nuevo panorama neocolonialista -presencia de potencias emergentes, iniciativas africanas de nacionalización de los recursos, etc.-, De acuerdo con las estimaciones de la organización sin ánimo de lucro Global Financial Integrity, entre 2003 y 2012 cerca de 529.000 millones de dólares -más de medio billón- dejaron el continente como flujos ilícitos, es decir, sin tributar. De estos, entre el 60 y el 65% corresponde a prácticas fraudulentas por parte de grandes multinacionales, principalmente de países ricos, que consiguen evitar pagar sus correspondientes impuestos en los países africanos en los que operan. De nuevo, las reglas fiscales internacionales apenas consideran las necesidades de los países africanos. Muchos de los productos generados por estas grandes empresas (minerales para los móviles o la gasolina para mover nuestros coches) acaban siendo utilizados por todos nosotros.

En plena semana del Mobile Wold Congress (MWC) en Barcelona, el caso de República Democrática del Congo (RDC) resulta paradigmático. La RDC sufre desde mediados de los noventa una guerra que ha causado alrededor de 5 millones de víctimas mortales, la violencia sexual ha sido utilizada como arma de guerra –al menos 200.000 mujeres han sido violadas en el transcurso de la guerra–. La explotación de los minerales presentes en el este y sur del país (principalmente el coltán y el cobalto, entre otros) es imprescindible para la fabricación de los condensadores de la industria de la telefonía móvil y de toda una gama de productos de alta tecnología. Estos minerales son extraídos de minas en condiciones deplorables donde se vulneran los derechos humanos más básicos. Además, este negocio ha contribuido a crear una economía de guerra de la que se benefician diversos actores locales, regionales e internacionales, como sectores de las Fuerzas Armadas congoleñas, grupos armados de la región, empresas y países vecinos como Ruanda y Uganda, en un negocio calificado por la misma Naciones Unidas como sistemático y sistémico, y con ramificaciones por todo el mundo. En consecuencia, las empresas presentes en el MWC, que representan el 3,8% del PIB mundial (3.000 billones de dólares) tienen una gran responsabilidad y sus decisiones pueden contribuir decisivamente en la evolución de la situación en la RDC.

Es la paradoja del continente africano: pobreza en la región de la abundancia. En un mundo en el que todos nos beneficiamos, de una manera u otra, todos somos responsables. Hasta entonces, las inmensas rentas generadas por estas industrias seguirán acabando en una pequeña élite local perfectamente conectada a la globalización a través de multinacionales basadas en los países ricos.

Estos son algunos de los puntos que queremos tratar en este BeersAndWorld que hemos organizado conjuntamente con Africaye. Para debatir (y aprender) sobre este temática contaremos con la participación de:

Íñigo Macías (@IMaciasAymar) – Economista internacional miembro de Africaye

Celia Murias (@CeliaMurias) –  Miembro de Africaye y del Grupo de Estudios Africanos – GEA

Josep María Royo (@josepmroyo) – Miembro de la Escola de cultura de Pau y de la Xarxa d´Entitats per la República Democràtica del Congo y del Grupo de Estudios Africanos – GEA

Modera #BWAfrica Emilio Romero (@yiyo_rb)-  Miembro de BeersAndWorld

Os esperamos el próximo jueves 25 a las 19 horas en Inusual Project (Carrer Paloma 5)

Equipo de Africaye.org

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