Marta Viana entrevista al profesor de Relaciones Internacionales Mbuyi Kabunda

Mbuyi Kabunda: “La cultura africana es la totalidad, que incluye tanto los aspectos materiales como los inmateriales que se deben empezar a tener en cuenta”

¿Qué significa Sahel?

Sahel significa costa. Le llaman así, sahil, en árabe, la costa del desierto. La franja que va desde Senegal, Mauritania, Marruecos hasta el Cuerno de África.

Hoy es la base de operaciones de muchos conflictos de África.

El Sahel ahora es prácticamente el refugio de todas las tensiones, los conflictos y las frustraciones de los movimientos rebeldes. Los tuareg, el MNLA (MovimientoNacional para la Liberacióndel Azawad), el MUJAO (Movimiento para la Unicidad de la Yihad del África Occidental), Ansar Dine… Todos han encontrado la retaguardia y el lugar perfecto para la movilidad de sus guerrilleros y para golpear contra los estados de la zona como Malí, Níger o Burkina Faso.

Se habla de un Sahel dividido. Por culturas, religiones y estados.

El Sahel es el punto de contacto entre dos culturas, dos realidades bastante diferentes. La vida en el Sahel se divide entre los agricultores sedentarios del sur y los  ganaderos nómadas del Norte, como los peul, los tuareg, los songhais o los tubus del norte de Chad. Son dos civilizaciones totalmente diferentes y por lo tanto da lugar a puntos de choque. Los estados de la zona tienen tres características compartidas. En primer lugar son estados muy débiles y frágiles, por la proliferación de los conflictos armados desde hace décadas. Son estados con amplios territorios que los gobiernos centrales no controlan, ni la circulación de personas ni de bienes. Y además, son zonas con importantes recursos naturales que son explotados y que sirven a las actividades ilícitas. Al mismo tiempo, el Sahel tiene una población mezclada, mestiza y muy islamizada.

¿Se hace una lectura política del islam?

Solo del islam radical, del islam manipulado y instrumentalizado. El que utiliza la política para conseguir sus objetivos e imponer el régimen musulmán. Pero este no es el verdadero islam. El real, el auténtico, es tolerante. El islam es una religión de paz.

¿Y qué dice su discurso más radical?

Que hay que convertir a los del sur al verdadero islam, que son los salafistas. El islam de los del sur es sufí, con mezcla de los valores africanos, el islam negro al fin y al cabo, el tolerante. Mientras que el islam de Al-Qaida del Magreb Islámico, del MUJAO –de ahí el conflicto que tuvieron con el MNLA– fue precisamente por eso, porque eran radicales. Después de echar al ejército de Malí del norte empezaron a dirigirse contra el MNLA, porque tenían un fondo de  laicismo. Ellos –los radicales– no admiten la figura del estado. Dicen que se debería crear, como Al-Shabab en Somalia y en otros países, un Califato Islámico.

¿Francia intervino en 2013 en Malí para estabilizar la situación. ¿Las intervenciones extranjeras han ayudado a mantener la paz en la región?

Las intervenciones militares han sido fundamentalmente las de la comunidad internacional. Pero es Francia la que ha liderado todos los procesos como antigua potencia colonial. O como diría mi amiga Aminata Traoré, fue Francia quien históricamente creó todos esos problemas.

A través de las instituciones financieras internacionales creó e impuso, por ejemplo en Malí, los programas de ajuste estructural, que antes habían destruido completamente el estado de bienestar y que eran el caldo de cultivo de las frustraciones. Por eso Francia intervino, siempre para no ser acusado de neocolonialista, intervino sobre la base de la resolución 20/85, cuyo objetivo era asegurar la integridad territorial de Malí, que en ese punto había sido violada. De no intervenir Francia, los musulmanes supuestamente verdaderos y auténticos iban a acabar con los musulmanes moderados. Se iba a producir un genocidio con carácter religioso a la manera de Ruanda. Pero Francia no actuó sola. Francia buscó el respaldo de MINUSMA de Naciones Unidas y de la Unión Africana a través de la Operación Serval.

Hablemos de los nuevos señores de la guerra.

En África ya hace más de 30 años que existen los señores de la guerra. Pero creo que el fenómeno de los señores de la guerra hay que vincularlo con la economía neoliberal. Son puro producto. Después de la Guerra Fría se redujo la ayuda externa, la gente y los gobiernos desaparecieron. Todo lo que hicieron fue convertir la guerra en un negocio, al puro estilo neoliberal. En el modelo liberal la filosofía es que todo se puede vender y todo se puede comprar. La guerra se ha convertido en una fuente de enriquecimiento. Es más barato comprar una pistola que un kilo de arroz. Compras en el mercado de Bukavu, de Goma, de Kigali hasta hace poco y compras directamente la pistola o la kalashnikov.

¿Qué papel juega China?

Sobre China hay que hacer un análisis equilibrado. China y África son dos socios que se necesitan y que se complementan. Uno tiene muchos capitales, muchísimos. Con Seul, China está en una guerra económica sin piedad y sin principios. El más fuerte y el más rápido es quien se lo lleva todo. Y China es eso. El capitalismo salvaje que ha llevado a cabo en su zona es brutal. Pero China necesita las materias africanas para esa guerra económica y África a su vez necesita capitales para su desarrollo e infraestructuras. Los dos tienen intereses, hacen intercambios y esto molesta. Pero yo no veo ninguna razón.

Occidente. ¿Culpable?

Yo no voy a plantear el problema en términos de blanco y negro. Occidente tiene su parte de responsabilidad histórica y actual, por no haber favorecido –con sus prácticas asimétricas y de toda índole– el desarrollo sostenible en África. Todo lo que se ha creado en África son estructuras extrovertidas. Se produce más para los mercados externos que para los mercados y el consumo interno. Y eso es un problema. Occidente a través de sus instituciones, como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha impuesto estructuras de explotación de África. La deuda externa se ha convertido en un negocio. La ayuda de la que hablan, más que para África, es para Occidente mismo. Hhan cometido muchos errores que han hecho daño al continente africano.

¿Consecuencias?

La inmigración, la inseguridad, el terrorismo, la droga… Todo esto debe interpretarse como consecuencia del fracaso del desarrollo en África. Y los africanos abandonan sus países, huyen del hambre de la persecución y de la miseria.

Hay responsabilidad compartida.

Claro. No hay que pasar por alto la responsabilidad de los dirigentes africanos. No han hecho lo suficiente para sacar a sus pueblos de la pobreza. Occidente te lleva a esta situación pero no te la impone. En Latinoamérica hemos visto dirigentes adoptar el neodesarrollismo, que ha conseguido romper con algunas prácticas de la comunidad internacional. Mientras que en África hay un entreguismo total.

El despertar de África. ¿Verdad o mentira?

Hay verdades a medias. Efectivamente, nada es como antes en África. Hay más democracia, gobiernos que respetan los derechos humanos y una tasa de crecimiento superior a la de los demás continentes. Pero hay que reconocer al mismo tiempo que la democracia que se está llevando a cabo en África es una democracia falsa, electoral, que no lleva a la democracia participativa y reivindicativa, que es la verdadera. Si se limita solamente a las elecciones es un fraude. El modelo de derechos humanos que se está vendiendo a los africanos es de una concepción occidental. De unos derechos humanos que insisten más en el individuo que en el grupo, cuando la concepción africana es el grupo y lo social lo que está por encima del estado y de la economía.

El modelo de desarrollo que se está imponiendo a los países africanos es un modelo totalmente importado. Que insiste más en el tener que en el ser, en lo material que en lo inmaterial, mientras que la cultura africana es la totalidad, incluye tanto los aspectos materiales como los inmateriales, y se debe empezar a tener en cuenta. El desarrollo no es un modelo de exportación e importación. Tiene que nacer de la propia idiosincrasia, desde dentro. Por eso insisto muchísimo en la revalorización y promoción de los saberes endógenos.

 

Autora

Marta Viana. Periodista y filóloga catalana.

Leave a Reply

  • (not be published)