La política estadounidense en la región subsahariana en esta nueva era

El tiempo de Trump en África

Este viernes 20 de Enero, a las 18h. en España, las 12h. en Washington DC, Donald Trump subirá las escaleras del Capitolio y, ante el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, jurará sobre la biblia su cargo como Presidente de los Estados Unidos de América. En su discurso de investidura será difícil que tenga unas palabras para África Subsahariana, ya que durante su campaña no la mencionó ni una sola vez, si omitimos su obsesión por decir que Obama había nacido en Kenia. Pero la ausencia de focos que miren hacia África, no quiere decir que ésta no vaya a sufrir las consecuencias de la Era Trumpiana.

Con la llegada de Trump a la Casa Blanca ya nada será igual. La política internacional volverá a impregnarse del aroma que se desprenda desde la capital estadounidense. La fragancia ilusionante, con regusto de decepción, que marcó la era Obama habrá pasado, y lo que quedará es un olor a Varón Dandy, a aquella gran América, que tan poco escrúpulo mostró en África durante la Guerra Fría.

 

Preguntas indiscretas de la Administración Trump

 

No se esperan grandes cambios en la política estadounidense sobre África Subsahariana. No es una novedad decir que EEUU está perdiendo fuerza en el continente, especialmente frente a China, pero también frente a los países europeos. La época de Obama no supuso el espaldarazo definitivo al interés norteamericano, tal y como todo el mundo esperaba. Y si con un Presidente con raíces africanas, y muchos países africanos creciendo en cifras de casi dos dígitos, África no consiguió atraer la atención de Washington, ahora lo tendrá aún más complicado.

Y los rumores así lo parecen indicar. La semana pasada se filtraba a la prensa las preguntas que el equipo de transición de la Administración Trump había hecho al equipo de gobierno de Obama. Entre ellas, algunas referentes a la región subsahariana. Todas, absolutamente todas, estaban enfocadas al interior de EEUU, no a lógicas específicas de la zona. Se podía preguntar por grupos terroristas, como Al-Shabaab, pero para cuestionar los fondos que lleva invertidos EEUU en su lucha contra ella. También se preguntaba por el ébola, pero no sobre su control o sus efectos en los países que han padecido la epidemia, sino para preguntar cómo de seguro está EEUU frente al virus. Parece que la política de Trump para África Subsahariana tampoco pasará a la historia.

 

El populismo norteamericano se sentirá en África

 

Si hacemos caso a la campaña electoral de Trump, y la trasladamos a su Administración, resulta evidente que los efectos de su populismo derechista se dejarán sentir en todo el mundo, y África Subsahariana no será una excepción. La política interior de Trump marcará el devenir de lo que pase en muchos otros países.

Las principales obsesiones de Trump, frenar el Islam y la inmigración, alimentarán la demagogia islamista, la cual está muy presente en el continente africano, y muy construida frente al enemigo estadounidense. Trump no sólo alimentará a la bestia, sino que avivará el fuego del islamismo terrorista. Boko Haram, Al-Shabaab, Al-Quaeda y otros grupos que están en África tendrán material para captar a adeptos.

Las ideas marcan épocas. Obama representaba la posibilidad de cambio, y no es casual que, a pesar de lo decepcionante de su Administración, su mandato haya estado trufado de revoluciones posibles. El retorno propuesto por Trump a unos valores tradicionales –racistas, misóginos y homófobos, principalmente- ayudará a deslegitimar las luchas minoritarias, especialmente las del colectivo LGTBI. La lucha por la liberación de la mujer también parece que retrocederá.

Una de las cuestiones más polémicas de la campaña de Trump ha sido su oposición al libre comercio. EEUU ha tejido una red de tratados regionales de libre comercio durante las últimas décadas que, de facto, son una zona de libre comercio que gira alrededor suyo. Apostar porque Trump reventará esta posición de privilegio es poco realista, pero sí se puede esperar que realice una política de gestos que puede, por un lado, revertir el libre comercio con los países africanos –el llamado AGOA- y, por otro, afectar a la ya decreciente demanda de materias primas africanas de China o India.

El motivo por el que Trump ha enarbolado la bandera contra el libre comercio es la defensa del trabajador estadounidense. Parece obvio que hay pocos trabajadores estadounidenses que vean peligrar sus empleos por los productos que los países africanos importen. Por eso Trump deberá implementar otras políticas que le permitan crear más puestos de trabajo. Para realizar eso, tendrá que dedicar todos los fondos posibles, y la ayuda exterior estadounidense parece peligrar en este escenario. Especialmente si se tiene en cuenta que el equipo de transición de magnate preguntó directamente por qué debía mantener fondos de ayuda al exterior cuando había necesidades sociales dentro de EEUU. Apunten a programas como el PEPFAR de lucha contra el VIH, porque podrían peligrar.

 

Enmienda a la totalidad de la política exterior norteamericana

 

Aunque puede que Trump no sepa nada de diplomacia, no va a estarse quieto de cara a la política internacional. Esta Administración augura tiempos movidos y, a poco que cumpla las expectativas, la política exterior de Trump también tendrá consecuencias directas en África Subsahariana.

La admiración de Trump a líderes autoritarios y el estilo de gobierno que  parece quiere imprimir apuntan a la creación de un mundo más cerrado y despótico. Que Nguesso, cuestionado Presidente de la República del Congo, se atreviera a publicar una posible reunión con Trump, puede dar pistas sobre qué liderazgos está buscando en un continente donde la democracia es débil no por sus estructuras, sino precisamente por sus dirigentes. Podríamos estar volviendo a la época de aquellos hijos de puta que, en realidad, son nuestros hijos de puta.

La autoridad, y la vuelta a la Casa Blanca del Partido Republicano, apuntan a un incremento del militarismo mundial. Trump ya ha anunciado que quiere mantener abierto Guantánamo. En los últimos años, EEUU ha desplegado su ejército en África Subsahariana. El mando del AFRICOM –situado físicamente en territorio español- dirige operaciones antiterrotirstas en el continente. Algunos analistas han llegado a apuntar que, apuntalada la paz con Irán, y dejando Siria en manos rusas e israelíes, el frente africano podría ser el elegido por la Administración Trump para hacerse fuerte en la War on Terror.

En el corto período que ha pasado siendo Presidente electo, Trump ha tenido tiempo de generar conflictos diplomáticos con China. Parece clara su voluntad de enfrentarse al poder de Pekín, y en este escenario África parece un punto caliente en la agenda. De hecho, una de las preguntas indiscretas del equipo de transición se cuestionaba el porqué de las derrotas de empresas estadounidenses frente a las chinas en África Subsahariana.

Precisamente las empresas estadounidenses podrían ser el verdadero actor de la política norteamericana en África con Donald Trump en la Casa Blanca. Obama ya las potenció, creando iniciativas para la electrificación del continente en donde el principal motor de inversión era el capital privado. En ningún análisis sobre Trump se debe dejar de tener en cuenta que antes de ser un político populista era, y es ante todo, un constructor. Como bien apuntó Andy Robinson en esta entrevista, lo más probable es que la época de Trump la protagonicen las construcciones. Con un poder legislativo alineado con él –el Partido Republicano domina el Senado y el Congreso-, y un plan para reformar las infraestructuras norteamericanas heredado de la Administración Obama, Trump podría dar barra libre al gasto federal hacia el sector de la construcción. Y, una vez que abra el cajón de las reformas de infraestructuras, no será difícil que éstas no quieran cruzar el Atlántico y dirigirse a unos gobiernos africanos deseosos de construir todo aquello que el FMI y el Banco Mundial les dejen construir.

 

África como tablero, no como actor

 

En total, hemos señalado ocho puntos en los que la no-política de Trump sobre África Subsahariana podría impactar gravemente en el continente. Es 20 de Enero de 2017, y la investidura de Trump como Presidente de los Estados Unidos no parece ser buena noticia para África –en realidad, no es buena noticia para nadie. El tiempo, y sus acciones, dirán cómo de equivocados están estos pronósticos, pero lo que parece claro es que, una Administración estadounidense más, África Subsahariana seguirá siendo tablero, y no actor protagonista, de una política internacional tremendamente influida por los vientos de Washington. Los tiempos, querido Bob, parece que no están cambiando.

 

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Foto de portada: DonkeyHotey

(Madrid, 1980) Soy un politólogo madrileño que vive en Barcelona, aunque con esto de la paternidad mi puente aéreo se ha visto reducido. Ex Naciones Unidas y en diferentes ONGs, un día comencé un doctorado sobre África, pero nos peleamos y le perdí la pista. Ahora trabajo en temas de pobreza y exclusión social, que es como eso de la cooperación, pero sin viajes internacionales. También colaboro con el Centro de Estudios Africanos de Barcelona. Desde 2006 intento entender la política africana y las relaciones internacionales con el blog El Señor Kurtz, aunque también tengo otro donde hablo, entre otras cosas, de política, pobreza y exclusión social, la situación del espectáculo. No sé estarme callado, y discutir es mi afición favorita. Los de Africaye no se quejan mucho de mí, son buena gente. @elsituacionista

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