RCA: ¿vuelta a la casilla de salida?

En muchos países africanos todo supuesto avance tiene un regusto amargo de preocupación, de riesgo a volver a las andadas. A pesar de constatarse una ligera mejora en la situación de seguridad en la República Centroafricana, ahora que el país está a punto de culminar la transición tras el conflicto iniciado en 2013, son muchos los aspectos por dilucidar.

El pasado 14 de febrero el país celebró la segunda vuelta de las elecciones presidenciales con escasa animación, una extraña ausencia de incidentes y, sobre todo,  con varios claroscuros en el horizonte. La primera vuelta, celebrada el 30 de diciembre, encumbró a dos ex Primeros Ministros, Faustin Touadera y Anicet Dologuele, como los finalistas para la segunda vuelta, cuyos resultados definitivos tardarán aun en conocerse.

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Durante esa primera vuelta, las exigencias de un nuevo recuento por parte de los candidatos perdedores y, sobre todo, la decisión de la Corte Constitucional de anular por fraude masivo las elecciones legislativas pero no las presidenciales (aquí se elige por separado al parlamento y al presidente), deja para algunos un cierto aroma de sospecha en cuanto a la politización de los órganos involucrados en el proceso electoral. Los dos finalistas presentan unos perfiles bastante similares. Ambos tienen un fuerte vínculo con el antiguo presidente Francois Bozizé (jefe de estado entre 2003 y 2013), sancionado por la ONU como uno de los responsables de haber desatado el conflicto y de haber promovido ataques contra la población.  Su filiación puede hacer prever ciertas tendencias políticas. Así, sus agendas son bastante similares: unidad nacional y reconciliación, reforma del sector de la seguridad, desarrollo económico a través del sector privado o inversiones a través de infraestructuras y tecnología. En general, nada sorprendente, ni en materia política ni económica.

 

La campaña de 10 días ha tenido una pregunta clara entre la población para distinguir la preferencia de unos y otros: “Portes lunettes? (¿Llevas gafas?)”, en referencia a las lentes usadas por uno de los dos candidatos. Faustin Toaudera se ha presentado como candidato independiente, dando una percepción de imparcialidad. De un perfil más académico, fue primer ministro entre 2008 y hasta el golpe de estado de la ex coalición Séleka en 2013. De los dos,  se le presume como el candidato con mayor voz propia y menos instrumentalizado por el partido de Bozizé, el Kwa Na Kwa (en sango, la lengua local, “el trabajo, nada más que el trabajo”). Por su parte Anicet Dologuele  (el de las gafas) fue primer ministro entre 1999 y 2001. Es el candidato con el mayor apoyo del  sector económico de la capital, lo que le puede dar una cierta ventaja, así como del ex presidente Bozizé, cuya candidatura fue rechazada por estar sancionado por la ONU. El hecho, además, de que sus familiares más cercanos vivan en distintas regiones del país le da una percepción de mayor “neutralidad geográfica”, algo que no se debe despreciar en un contexto como RCA, donde la identidad étnica y religiosa sigue teniendo un papel preocupantemente preponderante.

 

 

Seguridad: ¿es oro todo lo que reluce?

Estas elecciones vienen precedidas por una mayor sensación de seguridad, en comparación con los acontecimientos de finales de septiembre de 2015. Parece que la visita del Papa Francisco I -29 y 30 de noviembre- ha traído un clima de creciente unidad, dada la llamada del Pontífice a la reconciliación entre las comunidades cristiana y musulmana. El gobierno ha querido hacer ver que esta ola de relativa tranquilidad se debe a la mayor presencia en las calles de las fuerzas nacionales de defensa y seguridad.

Sin embargo, la falta de reformas estructurales de estos cuerpos o la ausencia de un auténtico estado de derecho reflejan que esta percepción de estabilidad es artificial. Desafortunadamente, la comunidad internacional (especialmente la misión de Naciones Unidas, MINUSCA) sigue (pre)ocupada por dirimir con los repugnantes casos de violencia sexual que distintas organizaciones de derechos humanos van desvelando, y que les debe llevar a iniciar procesos judiciales de forma concluyente. La búsqueda de éxitos rápidos que eclipsen la mala imagen de sus tropas y una estrategia claramente mejorable en la forma de responder a las amenazas, están en la base de la falta de eficacia.

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En la República Centroafricana hay 12.000 cascos azules (10.000 soldados y 2.000 policías) y 900 militares franceses de la operación Sangaris. Y sin embargo la población sigue sufriendo cada día ataques. Una de las dificultades que los cascos azules enfrentan es que la amenaza ha cambiado y, sobre todo en las ciudades, ya no estamos ante grupos armados sino ante actores más dispersos y cuyos fines son totalmente pecuniarios, aunque a veces lo disimulen. Este cambio de tendencia debería hacer plantear un cambio en el tipo de respuesta a dar, más centrada en la lucha contra la criminalidad.

Son los de los ojos rojos”, explica un habitante del barrio musulmán de PK5, “los que han tomado pastillas. Son gente armada, bandidos nada más, que están por todas partes en el barrio, bloqueando los puntos por los que la gente tiene que atravesar”.  Otra vecina se pregunta, tras desgranar los casos de robos, secuestros y palizas que sufren las mujeres regularmente cuando van al mercado: “¿Es que esto va a durar siempre? ¿Hasta la eternidad?

 

Alzar la vista más allá de los comicios

El  problema de la población centroafricana no es sólo la violencia, sino la extrema necesidad, que en buena parte deriva de ella. 2,5 millones de personas pasan hambre en un país cuya población no llega a los 5 millones. Es más, el número de hambrientos se ha duplicado en el último año, que en teoría ha sido un año ya sin conflicto, porque la paz se firmó en 2014. No tener nada, nada en absoluto, más que la ropa que llevas, a veces hecha harapos. No poder tomarse las pastillas obtenidas gracias a alguna ONG porque hay que ingerirlas con alimentos. No ver a los ladrones que aguardan para atracarte porque eres anciano y tu vista es pobre… Son situaciones de cada día en un pueblo de estómagos vacíos.

Valérie perdió su casa por el último brote de violencia entre milicias cristianas y musulmanas el pasado septiembre. Antes vendía en el mercado. Ahora lo ha perdido todo. “Por desgracia no tengo nada”, dice, “me quedo así en casa, sin hacer nada. No sé cómo hacer, no sé dónde ir para conseguir algo para cuidar de mis hijos. ¿A casa de quién puedo ir a pedir dinero? Todos mis hermanos están en la misma situación”. Valérie vive en un campo de desplazados y sólo tiene el  vestido que lleva puesto. Valérie es cristiana.

Delphie es musulmana. Ninguna tiene nada. “No tengo marido, no tengo hijos, sólo tengo a mis nietos, ¿cómo voy a hacer para sobrevivir?”. Delphine se refugia en la casa de alguien que huyó por el conflicto. Hace poco entraron en su casa y le robaron todo. “No dejaron nada. Ahora yo, que soy vieja, he adelgazado por el hambre que paso”. Hambre y violencia. Kaltouma había salido a comprar. “Había salido a buscar mercancías para vender y esa gente me cogió”, cuenta. “Había diez personas, ocho me golpeaban y los otros dos vigilaban. Me preguntaban por qué vivía en este barrio. Me arrancaron la ropa y me golpearon durante mucho tiempo. Tenían hachas y machetes, y me hirieron con un machete en el pie y con un cuchillo en la cabeza

Diversos retos presenta RCA de cara al futuro, más allá de las incógnitas obvias sobre quién será el ganador de estos comicios y cómo quedará la representatividad de las dos cámaras. Cualquiera de los dos candidatos, más o menos independientes, presenta una clara ascendencia al antiguo presidente Bozizé, figura persistente en la sombra. Esta ascendencia y la previsión de que no haya un gobierno de unidad nacional nos lleva a un escenario similar al previo al golpe de estado en 2013: un ejecutivo básicamente centrado en la capital y la zona centro del país, lo que acrecentará  la sensación de exclusión social de las zonas tradicionalmente marginadas.

En definitiva, aún situándonos en un escenario más próspero en materia de seguridad y de protección de la población, sin una voluntad para llevar a cabo reformas más estructurales -descentralización del estado, construcción de un verdadero estado de derecho o la reforma del sector de la seguridad, principalmente-  la República Centroafricana se encontrará a medio o largo plazo de nuevo en la casilla de salida, tras haber empobrecido un poco más y haber sacrificado miles de vidas en el camino.

 

Artículo de Mª José Agejas (@mjagejas), periodista residente en RCA, y Albert Caramés

Foto de portada: Albert Caramés

(Barcelona, 1982) Sociólogo que nunca ha ejercido, pero siempre cree pensar como tal. Esto de opinar siempre me ha costado; sigo la máxima que tenemos el doble de orejas que bocas. Abidjan la sigo sintiendo como una segunda casa y algún día confío en volver. De teatro, baloncesto, amigos, reír y hacer reír, mucho. Y sobre todo que no me arrepienta nunca de no haber intentado algo que quería. @albertcarames

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