Sudán del Sur ante los nuevos acuerdos

Un nuevo acuerdo de paz envenenado

 

Sudán del Sur, la nación más joven del mundo, acaba de lograr la firma de un nuevo acuerdo de paz entre las partes enfrentadas en el conflicto armado que sacude el país desde finales de 2013, abriendo una vía a la resolución de la crisis y la construcción de la paz. Sin embargo, y desgraciadamente para la población civil sur sudanesa, el pacto ha nacido sembrando muchas dudas e interrogantes sobre las posibilidades reales de su recorrido, debido fundamentalmente a que, por un lado ha sido un acuerdo auspiciado en base a presiones y amenazas de la comunidad internacional con el fin de detener las hostilidades, lo cual debilita su apropiación e implementación por parte de los actores implicados, y por otro, debido a diferentes factores de carácter más estructural, presentes en las raíces del conflicto, que complican aún más su posible resolución.

El conflicto sur sudanés, que estalló en diciembre de 2013 a raíz de las tensiones por el control del aparato del estado al interior del Sudan People´s Liberation Movement (SPLM),  ha enfrentando a los partidarios del Gobierno encabezado por el presidente Salva Kiir, con los grupos de oposición liderados por el ex vicepresidente Riek Machar, quienes conformaron el SPLM In Opposition (SPLM-IO), en una guerra que no pocos analistas han enmarcado en la disyuntiva étnica, nuers (grupo étnico de Machar) contra dinkas (grupo originario de Kiir), e incluso otros han ido más allá, señalando la lógica personalista como causa de la violencia, Machar contra Kiir. Las causas, como no pueden ser de otra forma, sobrepasan ambas lecturas, y remiten a otros muchos elementos históricos, culturales, políticos, geoestratégicos, que complejizan su resolución. El dramático retorno de la guerra al país se ha vuelto a cebar en la población civil, convirtiéndose esta en objetivo militar para ambas partes. Justamente a mediados del mes de agosto, expertos de las Naciones Unidas se hacían eco de la brutalidad de la guerra contra la población no combatiente, denunciando al ejército por acciones vinculadas con el rapto de menores para sus filas, la violación sistemática como arma de guerra, la quema de personas vivas en sus hogares e incluso la práctica de “cazar” –según se lee literalmente– a personas durante días en los pantanos, todos ellos considerados crímenes de guerra. En un mar de cifras y estadísticas confusas, la organización International Crisis Group había estimado entre 50.000 y 100.000 las víctimas mortales del conflicto sólo en el 2014. Además, datos de ACNUR contabilizan en más de dos millones las personas desplazadas y refugiadas a causa de la violencia, convirtiéndose la región en zona declarada de emergencia humanitaria. Todo ello sucede tan solo 2 años y medio después de que el país lograse, mediante referéndum, la independencia (9 de julio de 2011) -convirtiéndose en el estado más joven del mundo-, después de cerca de 40 años de guerra con Sudán (1ª guerra civil 1955-1971; 2ª guerra civil 1983-2005).

 

Acuerdo de Paz

Mediante los auspicios de la Autoridad Intergubernamental de África del Este para el Desarrollo (IGAD, que integra a Sudán, Sudán del Sur, Kenia, Etiopía, Eritrea, Djibouti, Somalia y Uganda) -quien ya había mediado en el conflicto que enfrentó al norte y sur de Sudan logrando la firma del acuerdo de paz decretado en 2005 (Comprehensive Peace Agreement)-, a quien se han sumado posteriormente otros actores (EEUU, UE, ONU, UK, China o Noruega), en lo que se ha conocido como la IGAD Plus, se ha tratado desde el comienzo de las hostilidades por mediar y abrir una vía a la resolución del mismo mediante el dialogo. Las negociaciones han generado la nada desdeñable cifra de nueve diferentes acuerdos alcanzados de cese de hostilidades y alto el fuego, los cuales han sido sistemáticamente incumplidos de manera flagrante por ambas partes. Algunos de los acuerdos más representativos que han pasado al ostracismo han sido:

  • Enero 2014: Gobierno y oposición firman el primer cese al fuego, el cual es violado apenas una semana después.
  • Mayo 2014: Acuerdo de alto el fuego y apertura durante 30 días de corredor humanitario. La guerra sin embargo continúa.
  • Agosto 2014: El Gobierno de Kiir y la IGAD acuerdan una hoja de ruta para la creación de un gobierno de transición, los rebeldes no lo aprueban.
  • Noviembre 2014: Nuevo decreto pactado de alto el fuego roto en 24 horas con nuevos enfrentamientos por control de zonas petrolíferas.
  • Enero 2015: El Gobierno y los rebeldes del SPLA-IO pactan en Arusha, Tanzania, la reunificación de las fuerzas rivales en el SPLM, sin embargo la violencia no se detiene.
  • Febrero 2015: Kiir y Machar firman en Addis Abeba, Etiopia, un acuerdo para la construcción de un Gobierno de Transición y Unidad Nacional y refrendan el compromiso con el cese de hostilidades. Disputas por el reparto de las cuotas de poder en el futuro gobierno rompe la tregua.

Con estos precedentes, y tras 20 meses de violencia, negociaciones, fuertes presiones internacionales y amenazas reales de sanciones y embargos de armas, -la ultima generada por el Consejo de Seguridad de la ONU-, el 26 de agosto se ratificaba por parte del Gobierno de Sudán del Sur, presidido por Kiir, lo que parece ser el acuerdo de paz definitivo, o al menos así se quiere presentar. El Acuerdo de Paz, que ya había sido ratificado el 17 de agosto por los rebeldes del SPLM-IO y otras partes, se basa en una propuesta emitida por la IGAD Plus, y está compuesto por medidas en 7 diferentes capítulos de actuación. En un texto de 72 páginas, articulado en torno a las recetas más emblemáticas de la paz liberal, priman las reformas del sistema de gobierno, el parlamentario, de los sectores de seguridad y justicia, la puesta en marcha de un proceso constituyente, así como también reformas sustanciales de índole económica y de mercado: banca, sistema impositario, gestión petrolífera, finanzas publicas, empresa privada, etc. Además de estas medidas, que se han convertido en la base de cualquier tipo de proceso de peace building, y que se enmarcan en la lógica de la expansión de la democracia liberal y la economía de mercado –lógica por cierto muy cuestionada debido a los fines reales que persigue y a sus resultados-, el acuerdo también incluye medidas orientadas a la resolución inmediata de la guerra: cese al fuego, medidas de justicia transicional y rendición de cuentas, asistencia humanitaria y reconstrucción. En cada uno de los diferentes capítulos destacan algunos puntos que representan la base del acuerdo, estos son:

Capítulo 1) Gobierno de Transición de Unidad Nacional:

  • Creación de un Gobierno de Transición en 90 días para gobernar durante 30 meses, compuesto en un 53% por el SPLM, 33% SPLM-IO, 7% SPLM FD y 7% otros partidos.
  • Presidencia para el SPLM (Kiir) y se crean 2 Vicepresidencias, la de mayor peso para el SPLM-IO (Machar).
  • Celebración de elecciones 60 días antes del fin del mandato del gobierno de transición.
  • Los estados de Alto Nilo y Unidad serán gobernados por el SPLM-IO, mientras que Jonglei estará en manos del gobierno. (En estos tres estados se ha desarrollado el grueso de la guerra actual)

Capítulo 2) Cese al fuego permanente y mecanismos de seguridad:

  • Cese al fuego permanente para todas las partes implicadas 72 horas después de la firma, y cumplimiento del acuerdo de cese de hostilidades de enero de 2014.
  • 45 días para el desarme, desmovilización y repatriación de actores armados no estatales.
  • 90 días para que todas las fuerzas militares salgan de la capital Juba.
  • Unificación de las fuerzas armadas (SPLM y SPLM-IO) en un sólo ejercito en 18 meses.

Capítulo 3) Asistencia humanitaria y reconstrucción:

  • Garantizar asistencia humanitaria, protección y derechos de la población civil.
  • Garantizar el retorno de refugiados y desplazados.
  • Establecimiento de un fondo especial para la reconstrucción.

Capítulo 4) Recursos económicos y financieros:

  • Medidas basadas en la transparencia, rendición de cuentas y anticorrupción.
  • Reformas institucionales: banco nacional, presupuesto nacional, comisión anticorrupción, etc.
  • Manejo de recursos: petróleo, tierras, agua, agricultura y ganadería, etc.

Capítulo 5) Justicia transicional, rendición de cuentas, reconciliación y restitución:

  • Creación de 3 instituciones de justicia transicional: 1) Comisión de la Verdad , la Reconciliación y Sanación, creada por el Gobierno de Transición; 2) Corte Híbrida para Sudan del Sur, creada por la Unión Africana para investigar y perseguir violaciones de la ley internacional en ambos bandos; y 3) Autoridad para la Compensación y la Reparación, creada por el Gobierno.

Capítulo 6) Constitución Permanente

  • En 18 meses se debe de completar el proceso constituyente.

Capítulo 7) Comisión de seguimiento y evaluación.

  • El IGAD establecerá la comisión donde participaran representantes de 13 actores sur sudaneses y 19 actores externos que han participado en el proceso de mediación, que será la encargada de verificar el proceso de transición.

 

Obstáculos y perspectivas de paz

En un evento realizado en Juba, capital de Sudán del Sur, Kiir estampó la firma, no sin antes afirmar que ratificaba el pacto por las presiones, pero que este no había sido acordado con las partes, incluyendo una lista separada de 16 diferentes reservas del Gobierno de Sudán del Sur al mismo, que vienen a socavar los pilares fundamentales del acuerdo, cuestionando de lleno su viabilidad. El IGAD Plus no ha reconocido el documento anexado, el cual incluye importantes cuestiones sobre el reparto del poder con los rebeldes, así como retrata la propuesta calificando algunos de sus puntos como de “humillación”, “recompensas para la rebelión” e incluso como “neo colonialista”. Algunos de los puntos calientes que el Gobierno exige revisión son:

  • Reparto de cuotas de poder en el Gobierno de Transición para ambos bandos.
  • Creación de la figura de Primer vicepresidente en manos de los rebeldes, que volvería a colocar a Machar en la posición previa que dio origen a la guerra, debido a su despido por Kiir en Julio de 2013. Esto representaría una humillación para el actual vicepresidente.
  • Entrega a los rebeldes de los estados de Unidad y Alto Nilo, principales estados productores de petróleo, lo cual para el gobierno enviaría el mensaje de que las rebeliones obtienen recompensas.
  • Desmilitarización de la capital Juba, que representa para Kiir un asunto de soberanía nacional, de protección de la nación.
  • Proceso gradual (18 meses) de integración de rebeldes en un único ejército. Kiir arguye que “el período de transición debe comenzar con un ejército nacional, no dos ejércitos“.
  • Papel de la Comisión de Monitoreo y Evaluación (JMEC), que representaría, según el texto, la pérdida de soberanía e independencia que tanto le ha costado al país.

A la postura del Gobierno de Sudán del Sur, y la imposibilidad manifiesta de que las clausulas propuestas por Kiir sean aceptadas por los rebeldes para su incorporación al presente acuerdo, el proceso se ha complejizado aun mas con las divisiones internas surgidas en ambos bandos y la instrumentalización del factor étnico. Para echar más leña al fuego, el 11 de agosto, días antes de la firma de la paz, un grupo de comandantes de alto rango del SPLM-IO, encabezados por Peter Gatdet y Gathoth Gatkuoth, desertaron de las fuerzas rebeldes cuestionando el liderazgo de Machar en las fuerzas de oposición. Los desertores anunciaron la creación de otro movimiento armado (que al parecer cuenta con el respaldo de Sudán) y enviaron un comunicado oponiéndose al acuerdo de paz si este incluye al presidente Kiir y a Machar como líderes del propuesto Gobierno de Transición y Unidad Nacional, tachándolos de ser los responsables de la guerra y los mayores obstáculos para alcanzar la paz por haber polarizado y dividido a las comunidades dinka y nuer. Otros movimientos armados, como el Revolutionary Movement for National Salvation (REMNASA), también se han opuesto al acuerdo.

En este panorama poco alentador, aun faltan otras ecuaciones por introducir, entre ellas, la del factor regional, y la dinámica de guerra proxy que mantienen Uganda y Sudán desde hace décadas, que se desarrolla principalmente en territorio sur sudanés, donde cada cual apoya y mantiene a un bando diferente (Uganda enviando incluso tropas), lo que no hace más que cuestionar el futuro de la reconciliación nacional. Además, no podemos olvidar, en el complejo entramado regional, las disputas aun no resueltas entre los sudanes relativas al enclave de Abyei, así como las rebeliones del SPLM-Norte en las regiones de Kordofan Sur y Blue Nile, que quedaron fuera del referéndum y que exigen la anexión al sur, y que están presentes como factores internos de la guerra en el sur.

En este complejo laboratorio que representa actualmente Sudán del Sur, habrá que esperar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos, pero sin duda, las presiones externas y las amenazas reales de sanciones y bloqueos por parte de la comunidad internacional, -que ya han obligado a la firma del armisticio-, se presentan actualmente, y desgraciadamente, como el único elemento para tratar de lograr el fin de la violencia en el país, ya que los esfuerzos de mediación y dialogo, así como las presiones y sufrimiento por parte de la sociedad civil sur sudanesa, hasta la fecha han hecho poca mella en aquellos que se empeñan en mantener la violencia como salvoconducto a su status quo.

(La Orotava, Tenerife,1978) Sociólogo, más por vocación que por ejercicio. Con un pie en el mundo de la Cooperación al Desarrollo, otro en los Estudios Africanos y las RRII y otro (sí, tengo tres pies, por eso mi vida cojea) esparcido en las docenas de post it que me recuerdan pendientes por acabar (entre ellos, una cosa que se llama tesis). Interesado en la conflictividad internacional y los mecanismos de resolución de conflictos. Me gusta Ulrike, “o se está con el problema, o se está con la solución, pero en el medio no hay nada”. @ivanbentor

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