Abriendo los ojos para RCA

 

“Dios dio ojos al ser humano…pero también párpados para mantenerlos cerrados y no observar lo que sucede alrededor” (fragmento del documental)

Lejos de quedarse en anecdótico, esta frase refleja el desconocimiento sobre la realidad de la República Centroafricana. Para intentar aliviarlo, Berta Mendiguren (Grupo de Estudios Africanos) y Alfredo Torrescalles (Fascina) nos traen “Los párpados Cerrados de Centroáfrica”, un documental que intenta ofrecer una radiografía de la sociedad centroafricana actual (rodado durante el periodo de transición, en 2014 y 2015) para intentar entender las claves de su situación desestructurada.

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Cómo ya se ha citado en otras críticas, el documental pretende huir de maniqueísmos y dar voz a los diversos sectores sociales, componiendo así un mosaico de testimonios y visiones que aproximan al espectador a las diferentes dimensiones que esconde esta guerra olvidada y fuera ya de los focos de atención mediáticos. Esta visión poco tradicional se rompe también por el hecho que la primera mitad del mismo discurre fuera de la capital, Bangui, dando más visibilidad a la periferia. Al oeste del país, el padre Juan José Aguirre, obispo comboniano de Bangassou pondrá los puntos sobre las “íes” en muchos aspectos que ayudan a entender que sucede en RCA. El ejemplo más claro es la evidencia que la causa de este conflicto no es confesional, sino que la ya mencionada falta de estado fuera de la capital llevará a una decadencia y subdesarrollo de la periferia, con las consecuentes reivindicaciones (en algunos casos armadas) de su población. No será únicamente él, sino muchos actores de distintas procedencias (mayoritariamente hombres) quienes narrarán su parte del relato, añadiendo muchos más elementos que den un retrato coral sobre lo que viene sucediendo.

Una vez el documental regrese a la capital se incidirá en prácticas corruptas y nepotismo entre las élites centroafricanas, aspecto estructural que no siempre se ha tratado en profundidad cuando se habla del país, peor que merece una especial atención. Contrariamente a lo que se podría esperar, en las voces de los centroafricanos no resuena ninguna de las expectativas que la comunidad internacional había depositado durante la última fase de la transición. Al contrario, son palabras de dolor las que se escuchan: de desesperación, por la pérdida de sus queridos y de sus bienes; de venganza, contra los responsables de aquella perdida; de rendición, frente a un estado que nunca fue presente para asistirlos y protegerlos. De hecho, el sentimiento de pertenencia al estado centroafricano sigue marcando las raíces profundas del conflicto. Reivindican la nacionalidad no solo las etnias del sur, que sienten representar los “vrais centrafricains”, pero también las que siempre han estado excluidas del poder por causa de su origen o religión (por ejemplo, los musulmanes del norte/este, o las comunidades nómadas). No hay mucha diferencia entre los que viven en la capital o los de las provincias más remotas, nadie esconde su sensación de abandono.

 

Pero, ¿qué está sucediendo hoy día en RCA?

El documental nos hace regresar a un año en el que RCA apenas salía de los peores años de su último conflicto. ¿Que esperaban los centroafricanos entonces, y que les queda hoy en día? Intentar contestar esta pregunta es tan difícil como prever el futuro de este desafortunado país. Cuando la coalición rebelde Seleka (“Alianza” en sango, lengua local) – procedente de las provincias del norte y del este del país – llegó al poder en marzo 2013 derrocando el presidente François Bozizé, la instabilidad fue creciendo en todo el territorio hasta culminar en una violencia inter-comunitaria sin precedentes. Los Anti-Balaka, grupos de auto-defensa representando supuestamente los verdaderos ciudadanos centroafricanos, fueron creados para liberar el país de la ocupación de la Seleka, pero pronto su ira se volvió hacia la comunidad musulmana en general, obligándola a huir hacia la parte meridional del país y refugiarse en los estados vecinos. Los líderes Seleka no llegaron nunca asegurar el control de sus elementos y el presidente Michel Djotodia fue obligado a dimitir.

Al principio del 2014, el 25% de la población centroafricana era desplazada, cifra que llegaba al 75% en la capital. Enfrentamientos entre grupos armados y violencias indiscriminadas contra los civiles representaron durante meses el día a día de una población hostigada. Mientras las tropas internacionales de la Unión Africana (MISCA) y Francia (Sangaris) intentaban contener la situación, el Consejo de Seguridad aprobó finalmente una misión integrada de Naciones Unidas (MINUSCA) con el objetivo de proteger los civiles pero también de apoyar el estado centroafricano en su largo proceso de reconstrucción. Catherine Samba Panza, ex alcaldesa de Bangui, había sido nombrada presidenta de la transición y se preparaba a llevar a RCA a elecciones a través de un proceso de reconciliación nacional que culminó en el Foro de Bangui de mayo 2015, durante el cual grupos armados, sociedad civil y representantes religiosos se reunían para poner las bases del nuevo contrato social del país.

Este Foro había puesto como condiciones para culminar el periodo de transición, entre otras, el desarme de los grupos armados, la reforma del sistema de seguridad y la restauración de la administración del estado fuera de la capital. Durante el tercer trimestre 2015, a pesar de los pocos progresos logrados, empezó a quedar claro que la prioridad número uno para la comunidad internacional eran las elecciones. Estas permitirían tener finalmente un interlocutor político y económico legítimo, además de liberar de su compromiso a uno de los países implicados en la intervención: Francia. Los desórdenes que paralizaron la capital en octubre del mismo año – con decenas de muertos y miles de desplazados en unos pocos días – deberían haber supuesto una clara señal de alarma sobre los riesgos de precipitar el proceso electoral, pero las presiones internacionales fueron más fuertes. En consecuencia, el calendario electoral, modificado varias veces para adaptarlo a los enormes desafíos logísticos y organizativos, fijó para diciembre de 2015 el referéndum constitucional y la primera ronda de las elecciones presidenciales y legislativas.

Las elecciones fueron una sorpresa para todos. A pesar de las irregularidades que obligaron a repetir los comicios legislativos, las consiguientes rondas se fueron postergando hasta febrero de 2016 sin incidentes mayores, aunque con una participación popular que iba progresivamente disminuyendo. Cuando Faustin Archange Touadera fue proclamado presidente, los centroafricanos se concedieron el lujo de la esperanza. Por unos meses pareció que el 2016 pudiera realmente ser el año del cambio en RCA. Tras su investidura en marzo de 2016, el país vivió un periodo de relativa estabilidad durante el cual todo el mundo se quedó a la espera de ver nacer un (nuevo) estado.

Desafortunadamente, la ilusión duró poco. De un lado, el nuevo gobierno no terminó siendo muy diferente de sus predecesores. La élite política que había controlado el país durante el mandato de Bozizé regresó al poder, llevando consigo malas costumbres de corrupción y nepotismo, ya mencionadas en el documental. Por otro lado, los grupos armados se consolidaron en su sistema de gestión compartida del territorio: las facciones originadas después de la disolución de la Seleka reforzaron su control de una parte importante del territorio a la vez que la explotación de sus recursos. La falta de voluntad política de las dos partes de llevar a cabo negociaciones sobre desarme y repartición del poder se convirtió una vez más en desórdenes y violencia contra la población civil.

Los últimos meses de 2016 han visto una serie de ataques que, por intensidad y número de víctimas, recordaban más al pasado: Kaga Bandoro en octubre, Bria y Bambari en noviembre han sido los epicentros de enfrentamientos entre diversos grupos armados, no solo ex-Seleka y Anti-Balaka pero también entre facciones de la misma coalición Seleka. Mientras en el oeste del país un nuevo grupo armado denominado R3 sembraba el pánico en la población, Bangui no se salvó de asesinatos y protestas. Centenares de personas perdieron la vida y casi un cuarto de la población sigue desplazada, justo cuando las fuerzas francesas de la operación militar Sangaris declaraban completada su misión en el país. Los 2.200 millones de euros para la reconstrucción del país a los cuales se comprometió la Conferencia Internacionales de Donantes de Bruselas el pasado mes de noviembre parecen ahora destinados a una imagen de la RCA que ya no existe.

O que nunca ha existido, porque cuando se habla de RCA, la mayoría de veces los párpados permanecen cerrados.

 

Albert Caramés y Enrica Picco

Enrica Picco es experta en conflictos armados y acción humanitaria en África Central

El documental puede verse en Madrid (19 de enero), Girona (24 de enero) y Barcelona (26 de enero)

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