ELECCIONES EN MOZAMBIQUE Y EL LARGO CAMINO HACIA UNA DEMOCRACIA LIBRE, JUSTA Y TRANSPARENTE

Por el 12 noviembre, 2019 África del Sur , Política

La normalidad democrática es como las demás variantes de la normalidad, se ajusta al contexto y a los muchos factores que lo rodean. No existe una definición del ‘estado normal de las cosas’, no es un concepto global. John Carlin escribía sobre la ‘nueva normalidad’ con la que abordaba la situación en Europa después de los varios atentados terroristas de los últimos años. Es apenas un ejemplo de la imposibilidad de establecer atributos fijos a la normalidad…

En las horas posteriores al cierre de las urnas del pasado día 15 de octubre las reacciones en tertulias, medios de información y otras plataformas de comunicación apuntaban que el día electoral había transcurrido en un ambiente tranquilo y pacífico, salvo excepciones, considerándolo una jornada de normalidad democrática. A pesar de ya empezarse a alzar las primeras voces contrarias a esta opinión, todavía no era suficiente como para ocupar los titulares del día siguiente.

Un 50,7% de los mozambiqueños había votado en las sextas Elecciones Presidenciales de la historia del Mozambique democrático, después de semanas de agotadora campaña electoral, en las que los partidos pusieron toda su maquinaria a funcionar para llegar hasta los lugares más recónditos del país y pedir el voto del electorado. En ese sentido, es realmente admirable la capacidad para movilizar a los simpatizantes y organizarse para dedicar jornadas enteras a la causa partidaria.

 

Algunas particularidades de les elecciones mozambiqueñas

Meses antes de las elecciones, los mozambiqueños y las mozambiqueñas en edad de votar deben censarse para tal. Este es un proceso determinante para la participación. El gobierno y los órganos electorales realizan un arduo esfuerzo para que todo ciudadano realice este procedimiento.

Hasta las de este año, en las elecciones presidenciales eran escogidos el cargo de Presidente y los miembros que ocupan la Asamblea de la República. En esta edición, por primera vez y fruto de años de demandas del principal partido de la oposición (la RENAMO) con largos períodos de situación bélica clausurados recientemente con la firma de los Terceros Acuerdos de Paz, se elegían por primera vez los gobernadores provinciales. Se trata de un paso fundamental para la ansiada descentralización del poder.

 

La normalidad democrática en Mozambique: El derecho a la duda

El derecho a la duda sobre ciertas afirmaciones rotundas es inalienable del ser humano. El balance de las semanas previas a la votación nos permitía ejercer dicho derecho. Casos como el asesinato a tiros a manos de cuerpos secretos de la policía de un activista social a su salida de una formación para observadores electorales, el intento fallido de asesinato de uno de los candidatos de la oposición, son los más llamativos, pero hay más. El censo se cerraba con fenómenos paranormales en una de las provincias del sur. 300.000 censados más que la población en edad de votar definida por el Instituto Nacional de Estadística. Esa provincia era, curiosamente, uno de los grandes bastiones de la FRELIMO, Frente de Liberación de Mozambique, en el poder desde la independencia en 1975. La sociedad civil reclamaba por haberse quedado sin más de la mitad de las acreditaciones solicitadas para ejercer su derecho de observadores. Durante el día electoral, varias personas habían sido detenidas por posesión de boletines de votación que, en caso de haber llegado a las urnas, habría supuesto repetición de votos, un acto claramente ilegítimo. Y nos preguntamos por los que no han podido ser detectados…

Edson Cortez, Director del Centro de Integridad Pública (CIP), institución de la sociedad civil que, por medio de la difusión de investigaciones político sociales, denuncia y cuestiona la gobernación nacional, definía que “estas han sido las sextas elecciones en Mozambique pero parecen las primeras” y hacía referencia a la falta de acreditaciones obtenidas, entre otros aspectos. Y es que en este país la observación electoral tiene un papel tan fundamental como la necesidad de que haya urnas para ejercer el voto. El apoderamiento del Estado por parte del partido es de tal magnitud que cuesta creer en la transparencia y justicia del proceso.

 

Una diferencia histórica en el peor momento de la FRELIMO

Se llegaba a las elecciones en un contexto de desencanto abierto y público con la gestión del país. Eran muchas, y desde muchos sectores, las voces que se levantaban para criticar abiertamente la corrupción y el fracaso del modelo. Una corrupción que quedó en evidencia con el famoso caso de las Deudas Ocultas contraídas por antiguos altos cargos del gobierno (incluyendo el hoy expresidente, Emilio Guebuza) por un valor superior a los 2.000 millones de dólares, que llegaron a ser catalogados como “uno de los mayores casos de corrupción del África independiente”. Un crecimiento económico que no se revierte en la mejora de vida de la población, con crecientes desigualdades y perpetuación de las necesidades básicas insatisfechas de millones de mozambiqueños.

Pero llegó el día de la votación y Filipe Nyusi fue reelegido como presidente con el 73% de los votos y la FRELIMO consiguió 184 diputados de los 250 que forman la Asamblea de la República.

Dejando de lado la tesis de la corrupción de los resultados, que más adelante abordaremos, es importante también considerar ciertos elementos trascendentes. El escenario político ha tenido siempre una rivalidad a dos, la FRELIMO y la RENAMO. Esta segunda más consolidada en provincias del centro y norte del país, contando con una masa popular fuerte y fiel. Hasta su muerte en 2018, Afonso Dhlakama había sido su líder político, popular, ideológico, gestor a nivel interno y rostro que generaba pasiones y unanimidad. Tras la pérdida de una de las más emblemáticas figuras de la arena política nacional, el partido no ha sabido gestionar su relevo, envuelto en conflictos internos y división de opiniones.

Geográficamente debemos entender que Mozambique es un país en el que un elevado porcentaje de la población vive en lugares recónditos, a grandes distancias de infraestructuras viales, con severas limitaciones presupuestarias, con un todavía notorio nivel de analfabetismo y no dominio de la lengua nacional, el portugués. La máquina de la FRELIMO, como la llaman sus grandes incondicionales, es tan potente que se libra una batalla desigual. La disparidad de los recursos a disposición de cada partido para la campaña electoral (en parte por el uso de bienes del Estado para fines electorales) y los tentáculos del partido que lo hacen presente en cada rincón, juegan un papel fundamental para la consecución de votos. Populismo, promesas, una notoria falta de programa político claro y convincente, están a la orden del día.

 

Para muchos una oportunidad perdida para la distribución de poder

Una de las grandes batallas, sino la mayor, se libraba en la elección de los gobernadores provinciales. Para muchos, esta era la oportunidad de que, de forma obligada, se abriera el juego de la gobernación del país, el inicio de la distribución de la soberanía nacional para un día, quién sabe, ésta no ser propiedad de ningún partido, apenas del pueblo. Pero los resultados han sido, contrariamente a lo previsto, todo lo contrario. Todas las provincias del país serán gobernadas por la FRELIMO, incluso algunas como Zambezia, Tete y Sofala, donde la RENAMO había conquistado mayorías notorias en ediciones anteriores.

Otro motivo para ejercer el derecho a la duda y el regreso a la incertidumbre

Según Johannes Beck, jefe de redacción de DW África, “para que las elecciones sean libres, justas y transparentes no basta apenas con el propio día de votación […]. La FRELIMO no ha conseguido establecer una cultura democrática en la que fuese posible una coexistencia pacífica y una competencia leal entre diferentes ideas y partidos en todo el país. […] Por desgracia, hace años, Mozambique no ha dado un  buen ejemplo”. Y concluía lamentando la complacencia de sus socios de occidente que han optado siempre por mostrar el país como un ejemplo del impacto positivo de las políticas de desarrollo global.

Las amplias diferencias que muestran los resultados, la opacidad y la presunta violación de algunas leyes, como la que da derecho a observadores y mandatarios de todos los partidos a participar en el recuento final, han abierto una oleada de críticas y la propagación de la opinión de corrupción. Hasta tal punto, que ninguno de los representantes de los partidos de la oposición con voto en la Comisión Nacional de Elecciones, máximo estamento electoral, ha aprobado los resultados. Hasta tal punto, que la RENAMO ya ha anunciado que recurrirá al Consejo Constitucional para impugnar y solicitar la repetición de elecciones.

Todo ello ha llevado a poner en causa la estabilidad político-militar en el país. En los últimos días han vuelto a ser noticia ataques aislados en la zona centro del país contra civiles (sin confirmación de autoría) y la sensación de inseguridad pone en tela de juicio los últimos acuerdos de paz, con menos de tres meses de vigencia. Nada parece poder afirmarse con seguridad sobre cómo será la normalidad en los meses que vienen, o incluso, si ésta estará presente en la vida política y social del país.

Mozambique no es apenas un país grande en términos territoriales, sino que su grandeza la definen los pueblos que lo habitan desde hace siglos, su resistencia, su lucha y capacidad de sobreponerse a una historia y un sistema político global que siempre ha ido en contra de su soberanía y ha hecho de sus derechos fundamentales algo por los que hay que luchar día a día. A cualquier persona que le preguntes sobre el presente y el futuro se referirá a la necesidad de no vivir más conflictos bélicos y de poder hacer sus vidas en paz, pero con un gobierno que les considere y sea fiel a su principal finalidad; trabajar por la justicia social y los derechos de sus habitantes.

 

Autor: Álvaro García. Coordinador de Radio Comunitaria Maxaquene (Maputo), Mozambique.

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