¿Qué hacer para que el AfCFTA no incremente las desigualdades?

El libre comercio en África y el aumento de desigualdades

El desafío inmediato al que se enfrenta el nuevo mercado único de África puede ser la escasez de comercio, pero existe el peligro inminente de una creciente desigualdad interestatal y un desarrollo desigual.

Las actividades comerciales dentro de la Zona de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA por sus siglas en inglés) comenzaron en Enero de este año. Sin embargo, el camino hacia un mayor comercio intraafricano será largo y todavía se están negociando algunos protocolos clave. Mientras África persigue la industrialización impulsada por el comercio, el proceso debe ser lo más inclusivo posible.

Una de las principales críticas contra el acuerdo es que los beneficios se acumularán de manera desproporcionada a lo largo de África. Esto podría suceder entre países, dentro de países, entre empresas y entre personas. Las desigualdades preexistentes significan que los países, las ciudades, las empresas manufactureras y la élite económica africana que estén más avanzados podrían beneficiarse al máximo del aumento del comercio.

Esto es debido a varios motivos. Podría decirse que el AfCFTA tiene una mayor disparidad de ingresos entre sus países miembros que otros acuerdos continentales de libre comercio. Juntos, Nigeria, Sudáfrica y Egipto, tres de los 54 países del AfCFTA, representan aproximadamente el 50% del PIB de África. Por tanto, el mercado único africano reúne economías desiguales con distintas capacidades de producción.

Sudáfrica, como la economía más industrializada del continente, tiene ventaja. El Trade Map del Centro de Comercio Internacional (ITC), agencia de Naciones Unidas y de la Organización Mundial del Comercio, informa que, en 2020, el continente africano importó productos de Sudáfrica por valor de 20.000 millones de dólares. Es el sexto mayor proveedor de importaciones africanas, después de China, India, Francia, Estados Unidos y Alemania.

Sudáfrica también domina el comercio dentro de la Unión Aduanera del África Meridional. Los beneficios comerciales pueden ser obtenidos de manera desproporcionada por su economía, beneficiando así a sus productores y al gobierno sudafricano más que a otros países de la región.

Foto de Shaah Shahidh | unsplash.com

Desarrollo desigual y el peligro populista

Otro problema es el vínculo, documentado, entre la exposición a las importaciones y un aumento del proteccionismo y la xenofobia. Una eventual inundación de los mercados africanos con productos sudafricanos podría dañar las industrias locales y afectar el empleo. Esto podría aumentar el resentimiento contra el AfCFTA y los sentimientos negativos sobre los beneficios prometidos.

Dentro de los países, las ciudades y las zonas urbanas suelen estar mejor integradas en las cadenas de valor del comercio, y las investigaciones muestran que el comercio supranacional, si se gestiona de forma deficiente, puede aumentar el desarrollo desigual. Esto podría ampliar las diferencias de ingresos entre las ciudades y las zonas rurales, especialmente cuando el comercio conduce a un alejamiento de las exportaciones de productos básicos, dejando atrás las zonas rurales productoras de productos básicos.

De grandes empresas y PYMES

Una situación similar se puede encontrar a nivel de las empresas. Aunque se ha hablado y realizado algunos esfuerzos para facilitar el comercio de las pequeñas y medianas empresas (PYMES) en el marco del acuerdo, las economías de escala significan que las grandes empresas manufactureras tienen la ventaja porque son más competitivas.

El alto costo del transporte de mercancías dentro de África significa que un mayor volumen comercial reducirá el costo unitario de transporte. Las grandes empresas, como el Grupo de empresas Dangote, podrían expandir la producción y exportar sus productos de manera más asequible en todo el continente. Las PYMES, en cambio, pueden tener más dificultades para cumplir con los requisitos de las normas de origen del AfCFTA.

Los desequilibrios a nivel de las empresas están relacionados con las disparidades de ingresos entre ricos y pobres en algunos países africanos. Los beneficios del aumento del comercio intraafricano pueden acumularse de manera desproporcionada en las élites industriales africanas, lo que amplía la brecha de la desigualdad. África ya alberga algunas de las sociedades más desiguales del mundo y el aumento del comercio continental incrementará la demanda de productos manufacturados. Las élites económicas, con mayor propiedad de los medios de producción, están en mejores condiciones para cosechar los beneficios que pueda generar el comercio.

En Nigeria, por ejemplo, esto se aplica a sus élites industriales. Un informe de Oxfam de 2016   afirma que los ingresos anuales que podía obtener el hombre más rico de Nigeria eran suficientes para sacar de la pobreza a dos millones de personas. En Sudáfrica, la racializada alta desigualdad de ingresos significa que una pequeña parte de su población con más capital y activos de producción puede beneficiarse de manera desproporcionada del comercio.

En la mayoría de los países africanos, el poder económico está estrechamente vinculado al poder político. Las élites económicas pueden cooptar las políticas de producción a su favor y perpetuar su dominio. La tendencia a mantener los costos de producción reducidos como si fueran beneficios amenaza el potencial de bienes más asequibles para los consumidores.

Si el acuerdo comercial no aporta beneficios tangibles al africano medio, los elementos populistas pueden buscar movilizar a la gente contra un acuerdo cuyo objetivo general es brindar prosperidad a todos los africanos. Pero el aumento de la desigualdad impulsado por el AfCFTA podría generar más disturbios civiles en África, que ya se encuentra en niveles elevados.

Foto de Rinson Chory | unsplash.com

En búsqueda de medidas preventivas

El acuerdo ha intentado poner en marcha algunas medidas, como retrasar la plena liberalización del comercio, para proteger a las economías menos desarrolladas de África, pero éstas pueden resultar insuficientes. Las restricciones a la movilidad laboral en África son un obstáculo para la redistribución de los ingresos, ya que los trabajadores marginados por la exposición a las importaciones en los países más pobres no pueden, simplemente, migrar a los países más ricos.

Un enfoque más pragmático es trazar un mapa de los “ganadores” a corto, mediano y largo plazo del acuerdo, tal como está diseñado actualmente, y encontrar formas de mitigar las pérdidas de los demás. Varios signatarios del AfCFTA han elaborado estrategias de implementación nacionales y regionales o lo están haciendo ahora mismo.

La Secretaría del AfCFTA debe evaluar estas estrategias e identificar oportunidades para crear cadenas de valor regionales complementarias que incluyan a economías más pequeñas. La colaboración con el Banco Africano de Desarrollo para identificar y financiar la infraestructura necesaria ayudará a mejorar la competitividad productiva de las economías menos favorecidas y su atractivo para la inversión.

Las estrategias nacionales de implementación del AfCFTA también deben integrar las economías rurales en las economías comerciales nacionales y no centrarse sólo en las ciudades. Debería alentarse a las grandes empresas a integrar a las PYME en sus cadenas de suministro para aumentar los efectos distributivos del comercio, prestando especial atención a las PYME que sean propiedad de mujeres. Las estructuras tributarias en algunos países podrían reformarse para redistribuir la riqueza y las capacidades, pero sin sofocar la productividad de las élites industriales.

Los gobiernos nacionales deben reducir las barreras de financiación y así integrar a subsectores de manufactura, lo que será clave para aumentar los actores económicos en estos espacios. El seguimiento de los indicadores de prosperidad, como la creación de empleo en los sectores comerciales y la reducción de la pobreza, pueden proporcionar datos fundamentales para medir y mejorar los rendimientos comerciales.

Si bien existe una amenaza real de generar muy poco comercio dentro del acuerdo, abordar estos problemas garantizará un progreso sostenible. El AfCFTA podría cambiar las reglas del juego para las economías africanas, y debe verse como una oportunidad para resolver el rompecabezas de producción del continente junto con su dilema de distribución.


Autora

Teniola Tayo (@aloinett) trabaja como consultora en el ISS Africa y también es investigadora en el Instituto Francés de Investigación en África (IFRA-Nigeria). Anteriormente fue consultora del Think Tank de África Occidental (WATHI) en Senegal. También ha trabajado como analista de políticas en Nigeria y como asistente legislativa principal de un ex presidente del Senado nigeriano. Es becaria Chevening con unn Máster en gestión del desarrollo por la London School of Economics.


Este artículo fue publicado por primera vez por el ISS Africa, financiado por el Gobierno de los Países Bajos y el Fondo de Conflictos, Estabilidad y Seguridad del Reino Unido, y publicado a su vez en la web Africa at LSE del Instituto Firoz Lalji para África de la London School of Economics. Traducción: Africaye.

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