Situación tras las controvertidas elecciones

Insurgencia anglófona en Camerún

El conflicto entre la minoría anglófona y el gobierno camerunés ha ido empeorando cada mes desde principios de 2018 hasta convertirse en una guerra civil total. En medio de todo, más de 300,000 desplazados forzosos y unas elecciones sorprendentes.

En enero de 2018, la Ambazonian Defence Force (la principal guerrilla separatista del Camerún anglófono) atacó un puesto de carretera en Kwa Kwa,  una aldea del sudoeste camerunés, y mató a un gendarme. Al día siguiente, las fuerzas del estado redujeron la aldea a cenizas sin previo aviso, dejando varias víctimas civiles por el camino. Esta fue la primera de una larga serie de brutales medidas de contra-insurgencia en las regiones sudoeste y noroeste de Camerún, las dos regiones anglófonas del país. Poco después, se repitieron acontecimientos en la vecina aldea de Bole. En febrero: Boa, Ekombe, Masaka, Foe, Bombele y otras muchas aldeas.

Distribución de ayuda humanitaria en un campamento improvisado en el interior de Mbongé.

El patrón siempre es el mismo: la guerrilla mata o secuestra a uno o dos soldados, policías o jefes y poco después, las fuerzas armadas asaltan la aldea incendiando y disparando indiscriminadamente. El fuego no ha perdonado ni siquiera a hospitales, como el de Mbongé. En total, más de 100 aldeas han sido devastadas por las fuerzas militares.

De febrero a mayo, el Camerún anglófono vivió una continua escalada de violencia. Todas las grandes zonas rurales del sudoeste y noroeste se sumergieron en el conflicto. El noroeste ya había sido la zona más beligerante durante los movimientos civiles que empezaron a final de 2016. Desde principios de 2018 ha habido enfrentamientos constantes que han convertido aldeas como Belo o Widikum en zonas de guerra.

El sudoeste está cubierto de selva tropical, ideal para la guerra de guerrillas. La división de Manyu (la división es la siguiente unidad administrativa después de la región, similar a una provincia) fue el primer bastión de la guerrilla. A finales de 2017, ya hubo soldados asesinados y cambios de bandera temporales en algunas localidades de Manyu. En Ndian, Lebialem y Koupé Manengouba, zonas naturalmente muy aisladas, la guerrilla también ha conseguido tomar y mantener el control en momentos puntuales.

Es en la sub-división  de Mbongé y en menor medida las de Konye y Muyuka donde el conflicto ha cobrado una mayor magnitud. No sólo por la intensidad (el número de aldeas destruidas), también por el gran peso demográfico de esas zonas, que suman más de 250,000 personas entre las tres.

Mbongé, donde se encuentra Kwa Kwa, es la Sub-División más poblada (más de 170,000 habitantes), y es también una de las más extensas del país. Una zona agrícola, donde las plantaciones de cacao y aceite de palma atraían mano de obra de las dos regiones anglófonas. Uniendo estas 3 sub-divisiones hay una vasta selva infranqueable. Allí se esconden varias aldeas de interior y ahora también cientos de campamentos de la guerrilla y de la población desplazada.

En el corazón del Sudoeste está la ciudad de Kumba, la encrucijada natural que conecta todas estas zonas rurales y las zonas más desarrolladas (Limbe, Buea, Muyuka). Kumba fue la primera gran ciudad de acogida de desplazados forzosos (se calcula que en Julio había más de 60,000 sólo en Kumba, que normalmente tiene alrededor de 150,000 habitantes). Desde mayo de 2018, fue también el primer escenario urbano del conflicto, con cientos de enfrentamientos armados en sus calles.

A partir de junio, el conflicto fue llegando a las ciudades de Buea (capital histórica de Southern Cameroons) y hasta Limbe. Limbe es una ciudad turística y petrolera, que llegó a ser llamada “ciudad santuario” en algún momento por, aparentemente, no estar tocada por el conflicto.

Hoy, ya no queda ninguna localidad del sudoeste o del noroeste que no sea escenario regular de enfrentamientos armados. Aunque las fuerzas rebeldes nunca han podido tomar control permanente de ningún territorio urbano. Es una guerra de guerrillas, de ataques rápidos y movimiento constante.

En zonas de baja intensidad hay incidentes puntuales: la semana está salpicada por redadas, tiroteos y un goteo de víctimas. En las zonas más activas existe un enfrentamiento constante entre las dos fuerzas e incluso ha habido batallas, como la batalla de Kwa Kwa, (febrero) en la que fuentes no oficiales hablan de 400 soldados muertos. Otro caso crítico es el de Lebialem, que sufrió un bloqueo militar para intentar asfixiar a los rebeldes, y de julio a septiembre nada ni nadie pudo entrar ni salir.

Las guerrillas son una fuerza descoordinada y dividida en unas 7 fuerzas independientes, a su vez descentralizadas a nivel de aldea. Su única idea en común es luchar por la independencia de Southern Cameroons, la antigua colonia británica, o Ambazonia, como otros la llaman. También les une el uso sistemático de la magia negra, que juega un papel psicológico muy importante en los dos bandos.

Cada grupo tiene su propia manera de actuar y es muy difícil definirles, incluso dentro de las mismas zonas: En una aldea de Buea un comisario de policía fue secuestrado en septiembre y liberado unos días después sin rescate y sin señal alguna de malos tratos. A menos de cuatro kilómetros de allí, una semana antes, un rango medio militar fue emboscado por la guerrilla cuando viajaba en su vehículo personal. Le intentaron quemar vivo y cuando escapó del vehículo lo mataron a machetazos delante de decenas de personas.

La estrategia de contra-insurgencia adoptada por el gobierno parece alimentar a las guerrillas. Allá donde ha empezado a haber incidentes las respuestas siempre han sido parecidas: ataques desmesurados contra la población por parte del ejército y limitaciones al libre movimiento de las personas.

Un buen ejemplo es el de los conductores de moto-taxi, el principal medio de transporte en la gran mayoría de zonas rurales. En varias divisiones, como Mundemba o Ekondo-Titi, se calca un patrón: con la intención de controlar la seguridad de la zona, se prohíbe la circulación de motos, lo que lleva al desempleo a un gran número de jóvenes. Rápidamente éstos pasan a engrosar las filas de la guerrilla y el conflicto se intensifica.

Ahora mismo, todo hombre joven está bajo sospecha para el ejército. A mediados de agosto, cuatro jóvenes fueron ejecutados en Bakweri Town, un barrio de Buea, tras enfurecer a una patrulla de soldados por estar fumando marihuana. A finales de septiembre otros 7 jóvenes fueron asesinados en Buea Town por el mismo motivo.

En el otro bando, estudiantes y profesores son los sospechosos. El movimiento comenzó como una huelga de profesores a finales de 2016 y, como no se ha solucionado nada, la consigna sigue siendo que no haya escuela, nunca. La mayoría de niños y adolescentes anglófonos llevan más de 2 años sin ir a la escuela.

La radicalización ha llevado a que niños pequeños reciban amenazas, decenas de profesores hayan sido secuestrados e incluso haya habido asesinatos puntuales de profesores y directores.

Hasta mediados de 2017, el movimiento cívico y pacífico gozaba de un apoyo masivo, aunque se pagase un tremendo coste económico y educativo. Desde entonces hasta hoy, aunque se mantiene fuerte, el apoyo se ha ido atenuando por los tiroteos, secuestros, toques de queda y bloqueos de uno y otro bando. La población está cada vez más cansada de vivir con miedo a ambos bandos.

Con miedo y con pánico. Las últimas semanas de septiembre, las ciudades anglófonas (y las redes sociales) fueron escenario continuo de confusión en vistas a las fechas clave del 1 de octubre (conmemoración de la unificación de los dos Camerunes, el año pasado murieron entre 14 y 200 manifestantes pacíficos, según distintas fuentes) y el 7 de octubre (elecciones generales). Distintos grupos e individuos publicaron constantemente información contradictoria sobre qué exactamente iba a estar prohibido para todo aquél que resida en el territorio de Southern Cameroons. La gente no sabía si iba a considerarse un desafío a la guerrilla viajar por carretera, abrir negocios o  incluso salir a la calle. Tampoco sabían cuándo exactamente empezaría este bloqueo (el 20 de septiembre o el 30).

El miedo y el pánico llevaron a un éxodo temporal masivo a todo aquél que pudiese encontrar refugio en la zona francófona. Finalmente, no hubo enfrentamientos masivos el 1 de octubre, y las elecciones fueron boicoteadas pero se celebraron igual.

Las elecciones generales del día 7 trajeron una sorpresa. Paul Biya, presidente de Camerún desde hace 36 años, había perdido las elecciones. A última hora del domingo 7, todos los sondeos y las redes sociales le dieron la derrota en favor de Maurice Kamto, jurista internacional. En su programa, Kamto hablaba de diálogo con la minoría anglófona.

ELECAM, la autoridad electoral del país, se lo tomó con tranquilidad, y el día 22 declaró a Paul Biya ganador de las elecciones. Será presidente durante los próximos 7 años y tendrá 92 cuando termine. Hubo algunas protestas en las zonas francófonas, pero en el Camerún anglófono se lo tomaron con indiferencia.

 

 

 

Autor

Marc Serna trabaja para la ONG camerunesa Reach Out desde hace más de 4 años. Reach Out es una de las pocas organizaciones ahora mismo suministrando ayuda humanitaria a los cientos de miles de desplazados internos del Sudeste. Si quieres hacer algo por una familia desplazada, acaban de empezar una campaña de crowdfunding. Si quieres seguir a reach out en las redes sociales aquí tienes Facebook, Instagram y twitter.

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