Reseña de "Las almas del pueblo negro", de W.E.B. Du Bois

El paso del tiempo también da voz a los vencidos

Por el 12 noviembre, 2020 Historia de África

Fue George Orwell (1944) el que, en una de sus columnas para la revista británica Tribune, escribiría aquella conocida frase que, hoy día, podemos ver incluso escrita en las tazas de Mister Wonderful, “la historia la escriben los vencedores”. Han pasado casi ocho décadas desde entonces y este enunciado no ha perdido ni un ápice de su veracidad. Estados Unidos, aun la gran potencia hegemónica, ha sabido escribir la Historia del mundo a su imagen y semejanza, al menos desde el final de la II Guerra Mundial. Sin embargo, el paso del tiempo, las dinámicas internas del gigante norteamericano y su resituación geopolítica a nivel global, han permitido que ese relato lleve un tiempo mostrando enormes grietas. Es así que, como señala la escritora Carla Montero, “la historia la escriben los vencedores, pero el paso del tiempo también da voz a los vencidos“.

La obra, recientemente recuperada y traducida al castellano por Capitán Swing, Las almas del pueblo negro de W.E.B. Du Bois es un claro ejemplo en este sentido. Para los lectores de este lado del Atlántico, el libro de este sociólogo y primer doctorado negro en Filosofía de la prestigiosa Universidad de Harvard, no es solo un marco incomparable donde situar la base interpretativa de movimientos tan actuales como el Black Live Matters, sino también una oportunidad única de conocer parte de la fascinante Historia de los Estados Unidos de América del último tercio del siglo XIX. Para los profanos, entre los que me incluyo, la Guerra de Sucesión norteamericana, protagonista ineludible de aquel periodo, se aparece, en numerosas ocasiones, como una lucha entre dos posiciones antagónicas: la protagonizada por un Norte industrial y capitalista y un Sur rural y semi-feudal, y donde los esclavos negros, objetivos políticos de la contienda, parecieron jugar un papel en extremo secundario. Autores como Howard Zinn y su maravillosa La otra historia de los Estados Unidos ya se encargaron, en su momento, de recordar y reconocer el protagonismo del colectivo negro en la contienda fraticida norteamericana. Sin embargo, la reedición de Las Almas nos aporta un nuevo e interesante punto de vista: ¿qué paso con los negros libertos una vez finalizada la guerra?

El libro de Du Bois es una obra compleja y heterogénea que, aun así, no pierde en ningún momento su carácter de unicidad. A lo largo de sus 245 páginas nos presenta desde análisis de tipo sociológico sobre la economía y las instituciones del negro norteamericano, pasando por memorias y recuerdos personales del propio autor, hasta llegar a relatos ajenos que sirven para ejemplificar la realidad contemporánea de los ex-esclavos. En definitiva, la historia de unas almas, las del pueblo negro que, como bien señala él mismo, siente “una dualidad: un americano, un negro; dos almas, dos formas de pensar, dos luchas irreconciliables; dos ideas en combate en un cuerpo oscuro, cuya fuerza obstinada es lo único que le impide romperse en pedazos” (pag. 13).

Tras la Guerra Civil, y las enmiendas constitucionales llevadas a cabo por el Gobierno de Estados Unidos (decimotercera, decimocuarta y decimoquinta, que van desde la abolición de la esclavitud y la definición de ciudadanía, hasta la prohibición de limitar el derecho al voto por cuestión de raza o situación previa de esclavitud), muchas de las promesas y las iniciativas llevadas a cabo durante la fase conocida como la Reconstrucción, decayeron de manera fulminante. Los denominados Compromisos de 1877, acuerdos llevados a cabo entre el Partido Demócrata y el Republicano tras unas controvertidas elecciones presidenciales que acabaron por otorgar la máxima representación del país a Rutherford B. Hayes, republicano antiesclavista del Norte, a cambio de la retirada de las tropas federales establecidas en el Sur tras la Guerra y otra seria de compromisos,  acabaron por devolver su antiguo poder a las élites blancas que dieron apoyo a la Confederación y abandonaron a su suerte a unos negros recién liberados que vieron como se ejercía sobre ellos una especie de revancha en forma de leyes y dinámicas de segregación fuertemente racistas. Du Bois relata magistralmente las profundas y arraigadas dinámicas de violencia y exclusión preexistentes, algo que solo con una Guerra no se podía eliminar en poco tiempo, y cómo éstas se vieron reforzadas por la práctica desaparición de las políticas e instituciones federales que el Norte debería haber mantenido.

No obstante, tal y como relata el propio autor, y pese a la institución de facto de dos realidades nacionales paralelas, una blanca y otra negra, esto no fue óbice para que los negros del Sur desperdiciaran la oportunidad, aunque estrecha, que la nueva situación les ofrecía. Es así como comenzaron a florecer, con distintos niveles de intensidad y éxito, instituciones escolares de distintos niveles que perseguían sembrar la idea de ciudadanía y mejorar las condiciones futuras de los nuevos norteamericanos. El propio Du Bois se dedicó en cuerpo y alma a ello con la fundación, entre otras, de la  Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP, por sus siglas en inglés), o mediante su labor pedagógica y organizativa incesante en diversas universidades estadounidenses, como la de Atlanta, Georgia.

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Destaca también, por su relevancia, la aparición, aquí y allí a lo largo de la obra, de la controversia que mantuvo Du Bois con Booker T. Washington, director del Instituto Tuskegee, y principal responsable del conocido como Compromiso de Atlanta. Este acuerdo, llevado a cabo en 1895 con los líderes racistas del Sur en el poder tras la finalización de la fase de la Reconstrucción, suponía el reconocimiento explícito del papel secundario e inferior del pueblo negro. Se aceptaron, así, de manera acrítica las políticas de discriminación y segregación, la limitación del derecho al voto y a la sindicación, a cambio de ciertas oportunidades económicas e inversiones en educación básica. Du Bois nunca aceptó el Compromiso por verlo como la naturalización evidente de la desigualdad entre razas.

El sociólogo norteamericano también dedica parte de su obra a señalar la injusticia del sistema productivo agrario norteamericano donde se insertaba el negro liberto. De este modo, dedica páginas completas y abundantes a describir los contratos de arrendamiento, y otras formas legales de explotación, destinadas a la producción de algodón, y otros productos minoritarios, como nuevas formas de esclavitud donde, como bien señala, “el resultado directo de este sistema es un plan agrícola basado exclusivamente [en un solo cultivo] y en la continua bancarrota del arrendatario” (pag. 142). También dedica capítulos completos a analizar el papel de la Iglesia como institución negra propia, capaz de generar una superestructura independiente con capacidad de organizar al pueblo negro en sus necesidades y anhelos.

La sensibilidad de Du Bois frente a las injusticias no solo raciales, sino también económicas, le llevarán, de hecho, más tarde a interesarse por el panafricanismo, la cuestión colonial (murió en Ghana, tras su independencia, donde estaba como invitado) y al análisis del capitalismo como principal responsable de la subyugación de los negros, elemento este último que lo llevó a afiliarse, finalmente, al Partido Comunista a los 93 años de edad.

Nunca finalizo una reseña sin antes destacar algún punto débil o inconveniente en el libro analizado. Sin embargo, en esta ocasión, me veo incapaz de hacerlo. La lectura de Las Almas del pueblo negro me parece de absoluta vigencia para entender el porqué de fenómenos como el Black Live Matters, antes señalado, o las profundas desigualdades que la expansión de la pandemia del COVID19 está generando entre la población negra norteamericana. La edición realizada por Capitán Swing me parece de lo más oportuna para recordar, una vez más, que el paso del tiempo no solo debe sino que tiene que dar voz a los vencidos.

Autor

José Mansilla (@antroperplejo), doctor en Antropología Social, miembro del Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU), del Grup de Treball – Etnografia dels Espais Públics (GTE-EP) del Institut Català d’Antropologia (ICA), y del Grup de Recerca sobre Exclusió i Controls Socials (GRECS) de la Universitat de Barcelona (UB).

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