Una reflexión sobre el COVID-19 en base a experiencias africanas

Límites en la seguridad. Horizontes para los cuidados

Desde que el actual brote de enfermedad por coronavirus (COVID-19) fue notificado por primera vez en Wuhan (China) el 31 de diciembre de 2019, su propagación internacional ha causado una crisis global sin precedentes de la que es muy difícil pronosticar su salida y los efectos sociales, económicos y políticos que producirá. A su vez, mientras la epidemia se desarrolla, se multiplican las evaluaciones, los aprendizajes y las comparaciones de las diferentes respuestas desarrolladas por los estados.

¿Qué es la seguridad sanitaria global?

Siguiendo esta preocupación, en este texto proponemos una revisión crítica del concepto de seguridad sanitaria global que la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió como:

“el conjunto de actividades proactivas y reactivas necesarias para reducir todo lo posible la vulnerabilidad a incidentes agudos de salud pública capaces de poner en peligro la salud colectiva de poblaciones que se extienden por diversas regiones geográficas y a través de las fronteras internacionales”.

El interés por realizar este análisis es fácil de justificar. Si la epidemia de COVID-19 se ha extendido desde la región de Wuhan a otros territorios no ha sido solo o exclusivamente debido a la virulencia y las dificultades que encierra su naturaleza biológica, sino también al escaso éxito que han tenido los protocolos y las intervenciones desplegadas desde el concepto de seguridad sanitaria global. Lo que a continuación trataremos de explicar es cómo el fracaso del cálculo de riesgo al que apela la definición del concepto, es decir intervenir en el presente para evitar futuros escenarios que pongan en peligro la salud pública global, ha conllevado el despliegue de un lenguaje de seguridad que ha participado, de diferente manera, en la extensión global del estallido. Para sostener nuestra argumentación recuperaremos diferentes respuestas desarrolladas en África Subsahariana durante anteriores epidemias que ya expresaban los límites de este lenguaje de seguridad y la necesidad de su reformulación.

Históricamente, la securitización de la enfermedad fue la respuesta que los estados occidentales dieron a la percepción de amenaza que suponía la reemergencia de la circulación de las enfermedades infecciosas en el orden internacional en ciernes, a finales de la década de 1980, con el comienzo de la posguerra fría. La creación y extensión del concepto de EID –enfermedades infecciosas emergentes– por parte del Center of Disease Control y el National Institute of Health, identificó que un estallido vírico sucedido en territorios poscoloniales, sobre todo africanos y asiáticos, podía transformarse en una amenaza tanto para la economía como para la salud pública de Estados Unidos. La OMS respondió a este interés y, a lo largo de la década de 1990 y comienzos del siglo XXI, promulgó un nuevo Reglamento Sanitario Internacional que extendió la vigilancia más allá de los espacios fronterizos (GOARN –Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos –; un sistema de detección de posibles nuevos estallidos que rastrea diferentes redes de comunicación que usan internet) y desplegó las denominadas preparaciones para pandemias, que son el conjunto de protocolos que los estados deben introducir en sus sistemas de salud (alertas tempranas, stock de productos y planes de coordinación entre los diferentes sectores de gobierno, etc.).

La medicamentalización de la seguridad

Pero, de todas estas medidas, la que ha caracterizado más claramente el proceso de securitización de la salud es lo que ciertos estudios definen como la medicamentalización de la seguridad, es decir, el uso del lenguaje de seguridad para aprobar una serie de medidas excepcionales en favor de la industria farmacéutica. La declaración por la OMS de una amenaza sanitaria internacional supone destinar, de manera bilateral o a través de alianzas público-privadas, grandes sumas de dinero a la investigación para el desarrollo de fármacos y pruebas de identificación rápida, e incluso algunos protocolos de investigación se han suspendido temporalmente y de manera urgente para aprobar, si fuera necesario, la comercialización y dispensación de estos fármacos. Sin embargo, esta actuación prescindió de revisar las reglas comerciales que regulan el acceso a los fármacos, lo que provocó, por ejemplo, que la población africana quedara a merced de las donaciones internacionales durante las gripes aviares.

El principal problema de este modelo de actuación,
basado en el uso del lenguaje de seguridad, es que prescinde
de abordar los determinantes ecológicos y sociales del estallido vírico.

El principal problema de este modelo de actuación, basado en el uso del lenguaje de seguridad, es que prescinde de abordar los determinantes ecológicos y sociales del estallido vírico. Desde el origen del concepto de EID, la comunidad científica reconoció de manera unánime la influencia de la intervención humana en la aparición de estos estallidos. Más recientemente, los estudios de epidemiología crítica señalan que el origen del 24º Enfermedad Vírica del Ébola (EVE) debe buscarse en la extensión del cultivo de aceite de palma, que rompió el equilibrio ecológico entre los murciélagos frugívoros, transmisores del virus, y el ser humano. También se ha considerado unánimemente que la extensión de esta epidemia por los territorios de Guinea, Liberia y Sierra Leona estuvo relacionada con las políticas fiscales de ajuste económico, descentralización y reducción de recursos, que condicionaron la organización de sus sistemas de salud desde la última década del siglo XX. Las sociedades africanas, cuya terapéutica y cultura médica es mucho más plural y comunitaria, en comparación a la hegemonía biomédica que todavía gobierna las sociedades occidentales, vienen enfrentando estas políticas sanitarias neoliberales produciendo modelos flexibles y dinámicos de construcción social, que no se ajustan tanto al dualismo sociedad-estado e inevitablemente, innovan y transgreden la propia concepción de lo público para reinstituirlo en nuevas formas de lo común.

Seguridad, vigilancia epidemiológica y construcción de autoridad

Otro de los elementos centrales, en el proceso de ligar el lenguaje de la seguridad con la respuesta al COVID-19, es la revitalización de las concepciones tradicionales de la filosofía política occidental, vinculadas estrechamente al decisionismo político y el refuerzo de la autoridad estatal. Esto aparece en el debate que atraviesa el uso que los estados están haciendo de tecnologías propias al gobierno neoliberal, como el big data, para rastrear, identificar, informar y vigilar población  infectada. Así, surge el debate entre quienes consideran necesario reforzar las competencias del estado para adoptar esas medidas y quienes advierten en ellas un futuro distópico nada lejano. Es importante profundizar en este debate, pero tampoco es conveniente encerrarnos en él, porque corremos el riesgo de reducir el campo de la imaginación política al enfrentamiento constante entre libertad y seguridad.

En este sentido, es interesante acercarse al final del colonialismo en África y a periodos más actuales para ver cómo el uso de una tecnología médica, adecuada a la vigilancia epidemiológica, ha participado históricamente en la construcción de diferentes formas de autoridad política. Por ejemplo, la renuncia de las autoridades coloniales portuguesas a desarrollar el programa de erradicación de la viruela en gran parte de su territorio colonial, supuso que las guerrillas africanas (PAIGC–Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde—) recibieran clandestinamente la vacuna para inocularla a su población, y vigilaran que no se reintrodujeran nuevos casos para certificar la erradicación de la enfermedad en su territorio. Estas actuaciones médicas reforzaron la implantación de la guerrilla entre la población y su reconocimiento internacional. El segundo ejemplo nos acerca al citado caso de la 24º EVE en África occidental, cuando la población resistió las medidas de confinamiento y vigilancia impuestas por el estado al no reconocerlo como un proveedor de seguridad, y ver a sus élites más interesadas en acceder a las altas sumas dedinero de la ayuda internacional. El cuestionamiento de la autoridad del estado fortaleció la actuación de las autoridades locales, que tienen la confianza social necesaria para controlar los movimientos de la población, trasmitir la necesidad de tomar medidas individuales y desmentir bulos o información falsa.

El discurso de los tanques y la realidad del cuidado comunitario

Un último elemento del uso del lenguaje de seguridad es la proliferación de términos y expresiones fuertemente militarizadas, concepciones bélicas que hacen continuas referencias a la guerra, la derrota del enemigo y el valor de la disciplina. Anteriormente, cuando los estallidos víricos no llegaban a los territorios occidentales, al informar de las epidemias en África, los medios de comunicación representaban mayoritariamente a sus sociedades como pasivas e incapaces de actuar, responsabilizando en último caso a su cultura de la extensión de la enfermedad, y obviando otros determinantes sociales, políticos y ecológicos. Como el politólogo Saiba Bayo ha señalado, este imaginario de superioridad se reproduce también en la autocensura impuesta a las imágenes de la muerte en Europa, en comparación a las ofrecidas cuando la epidemia sucede en África, en cuyo caso se muestran sin control los cadáveres y el dolor.

La mezcla del imaginario de superioridad y un lenguaje militar puede reforzar
la exigencia de una Europa fortaleza que anime el modelo de intervención
para frenar futuras epidemias en África, en vez de tomar las medidas
ecológicas y políticas necesarias para frenar futuros estallidos.

La mezcla del imaginario de superioridad y un lenguaje militar puede reforzar la exigencia de una Europa fortaleza que anime el modelo de intervención –desarrollado ya con el AFRICOM y la Misión de las Naciones Unidas para la Respuesta de Emergencia al Ébola (UNMEER) –, para frenar futuras epidemias en África, en vez de tomar las medidas ecológicas y políticas necesarias para frenar futuros estallidos. Frente a estas posibilidades es importante señalar que la principal resistencia al imaginario que encierra el uso del lenguaje de seguridad ha sido la contestación a los valores androcéntricos que encierra. Durante la respuesta a la 24º EVE fue una economía del cuidado desplegada principalmente por las mujeres la responsable de atender a los enfermos, responder a otras necesidades sanitarias y seguir activas en la fase de posemergencia. Este cuidado sanitario, desplegado por las redes locales, se aleja de las reivindicaciones militarizadas para reforzar el valor comunitario y los activos en salud que las sociedades africanas atesoran.

Habiendo repasado en las líneas anteriores que el lenguaje de seguridad usado para frenar la epidemia del COVID-19 puede también tener un efecto contrario al esperado, y sabiendo que nunca más estaremos seguros ante la posibilidad real de globalización de otra epidemias, quedaría invitar a una reflexión ¿No se podría sustituir el sueño de una seguridad sanitaria global (excepcional, mercantilista, colonial y heteronormativa) por la consecución de un cuidado sanitario global más relacionado con la economía del cuidado, la salubridad, las políticas de protección social, y del medio, la reparación comunitaria?

 

Autor: José Luis de la Flor, investigador de la UAM en salud global y activista social.
Licenciado en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Ha realizado estancias de investigación en el Centre for Global Health Policy de la Universidad de Sussex y en el Departamento de Historia Moderna de la Universidad de Sidney, y realizado trabajo de campo en Etiopía, en concreto analizando las políticas de cooperación española a la salud. Desarrolla su trabajo en el marco de las Relaciones Internacionales, los Estudios Críticos de Seguridad, los Estudios Biopolíticos y los Estudios Africanos. Sus líneas de investigación actuales son las políticas de seguridad sanitaria global, la evolución teórica de los Estudios Internacionales de Seguridad Sanitaria Global y la construcción histórica de las políticas de desarrollo de la salud en África Subsahariana. Entre sus publicaciones, es coautor del libro “Detrás del Ébola. Una aproximación multidisciplinar a una cuestión global“.

Email:  jl.delaflor@uam.es

Foto: Wikipedia Commons

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