Incremento de la violencia en Mozambique y los riesgos para el nuevo acuerdo de paz

Mozambique: nuevos retos para la paz en el país

Por el 30 abril, 2020 África del Sur , Conflictos

Durante el 2019 Mozambique ha vuelto a padecer un incremento de la violencia y la inestabilidad en diferentes provincias del país que amenazan los esfuerzos por consolidar la paz. Por un lado, si bien en agosto de ese año se logró la firma de un acuerdo de paz, calificado como histórico, entre el Gobierno Mozambiqueño y el principal grupo opositor RENAMO, las divisiones internas y las luchas de poder en el movimiento opositor amenazan seriamente la consolidación de la paz alcanzada. Por otro lado, más inquietante se presenta el incremento de la violencia en la provincia norteña de Cabo Delgado provocado por el accionar de grupos insurgentes, así como por la presencia de contratistas privados de seguridad, que amenaza con generar un efecto contagio en la zona.

El deterioro de las crisis abiertas en Mozambique con la disidencia
de la RENAMO en la región central del país y con grupos armados
yihadistas en Cabo Delgado, amenaza la consolidación de la paz

Pugnas FRELIMO-RENAMO

En lo que respecta a las tensiones históricas entre el partido de Gobierno FRELIMO y el opositor grupo RENAMO, el Acuerdo de Paz y Reconciliación de Maputo firmado entre ambos en agosto de 2019, si bien ha puesto fin sobre el papel al histórico contencioso que han mantenido las dos fuerzas políticas en el país, el pacto se ha visto seriamente amenazado debido a las fracturas internas en el seno de la RENAMO. Dichas fracturas han emergido a raíz de las luchas por el liderazgo de la organización producidas tras el fallecimiento, en mayo de 2018, del histórico líder de RENAMO Afonso Dhlakama. Tras un proceso interno cargado de tensiones y enfrentamientos, en enero de 2019 Ossufo Momade fue elegido presidente de RENAMO con alrededor del 60% de los votos, sin embargo, una sección del movimiento se negó a reconocerlo. Apenas seis meses después de su nombramiento, Momade firmó un primer acuerdo de desmilitarización con el presidente Filipe Nyusi que generó recelos y tensiones en algunos sectores armados del movimiento, que exigieron su renuncia, acusándolo de traicionar al grupo. Posteriormente, estas tensiones y discrepancias se trasladaron a la firma del acuerdo de paz entre RENAMO y el Gobierno, que tampoco fue reconocido por el sector disidente del grupo, autodenominado Junta Militar de RENAMO y presidido por Mariano Nhongo. Más tarde, y como consecuencia de la importante derrota cosechada por RENAMO en las elecciones celebradas en octubre (presidenciales, provinciales y legislativas), en las cuales obtuvo solo el 22% del sufragio frente al 73% del partido de gobierno, las tensiones al interior de la organización se incrementaron, poniendo aún más en entredicho el liderazgo de Momade. FRELIMO no solo amplió sus votos y apoyo a nivel nacional, sino que también se impuso en todas las asambleas provinciales del país, incluidas aquellas situadas en los bastiones históricos de apoyo de RENAMO. La disidente Junta Militar de RENAMO no reconoció los resultados de los comicios subrayando que se había producido fraude, y se atribuyó diversos ataques armados en el centro del país, principalmente en la provincia de Sofala. Desde ese momento, los enfrentamientos armados y los ataques contra civiles se han intensificado, y la disidencia interna se ha negado a participar en el proceso de desarme, desmovilización y reintegración de combatientes (DDR) estipulado en el acuerdo de paz. La Junta Militar de RENAMO ha amenazado con intensificar la guerra si el Gobierno de Nyusi se niega a acceder a negociar mejores condiciones para la reintegración de sus combatientes que las acordadas en el acuerdo de paz de agosto de 2019.

Violencia en Cabo Delgado

Por otro lado, en el otro frente abierto en el país en la provincia norteña de Cabo Delgado, durante el 2019 y principios del 2020 se ha producido un incremento significativo de la violencia. Desde el inicio de la violencia en 2017, año en el que se registraron 119 asesinatos, las muertes generadas por el conflicto entre las fuerzas gubernamentales y la insurgencia yihadista han ascendido hasta contabilizar alrededor de 900, así como se han registrado alrededor de 115.000 personas desplazadas. A su vez, también se han incrementado los ataques dirigidos contra la población civil, las tropas gubernamentales así como contra infraestructuras de gas natural o contra empresas extractivas. Del mismo modo, la violencia ha pasado de concentrarse en las áreas rurales a extenderse a principios de 2020 a centros urbanos, si como también se han registrado incidentes en el lado de la frontera tanzana. Detrás de la oleada de violencia presuntamente se sitúan grupos armados con agendas yihadistas vinculados con la organización Ahlu Sunnah Wa-Jama (ASWJ), pero también, desde junio del 2019, el Estado Islámico (ISIS) ha anunciado públicamente su presencia en el área atribuyéndose desde ese momento hasta la fecha diferentes ataques producidos en la provincia. Si bien la presencia de ISIS ha sido cuestionada por diversos analistas, así como por las fuerzas de seguridad mozambiqueñas, quienes han negado sistemáticamente que existan evidencias de la presencia efectiva del grupo en la región, las reivindicaciones de ataques en su nombre son un constante. De hecho, en estos últimos días, tras un ataque a la población de la región que dejo 52 personas asesinadas, el gobierno mozambiqueño parece haber reconocido por primera vez la presencia de ISIS en la región.

El incremento de la inestabilidad en la provincia de Cabo Delgado, una zona de especial relevancia estratégica debido a sus importantes reservas de gas y rubí que son explotadas por industrias extractivas nacionales y extranjeras, ha llevado a que el Gobierno mozambiqueño despliegue una estrategia de militarización para defender sus intereses económicos. Como parte de la misma, durante el 2019 el presidente Felipe Nyusi y su homólogo ruso, Vladimir Putin, firmaron un acuerdo de energía y seguridad que incluía el despliegue en la zona de contratistas privados rusos de seguridad. Según diferentes informaciones de prensa, el mismo incluía la presencia en el país de unos 200 mercenarios rusos del Grupo Wagner, quienes se habrían unido a las fuerzas de seguridad mozambiqueñas en el combate a la insurgencia en Cabo Delgado. La presencia de mercenarios rusos no representa una novedad en el continente africano, ya que también existen indicios de su participación en los conflictos armados de Libia, República Centroafricana o Sudán. Si bien el Gobierno ruso ha negado la presencia de estos actores privados, desde el mes de agosto se han registrado diferentes noticias sobre su participación en acciones armadas en Cabo Delgado. Sin embargo, a principios de 2020, según noticias de prensa, el Grupo Wagner se habría retirado del país debido a sus deficiencias en el combate a la insurgencia, siendo reemplazado por el contratista privado con origen en Zimbabwe, Dyck Advisory Group. Estas y otras medidas puestas en marcha por el Gobierno de Mozambique en Cabo Delgado para reducir a la insurgencia, a la que cataloga como grupos criminales, han tenido el efecto de incrementar la violencia y de generar un efecto llamada en la zona para combatir a las fuerzas extranjeras.

Expectativas de paz

La consolidación de la ansiada paz en el país, que ha transitado por diferentes escenarios de inestabilidad desde la resolución de la guerra civil en 1992, se ha puesto en entredicho con el incremento de las tensiones y la violencia en las regiones centrales y norteñas. El Gobierno de Mozambique y los países de la región articulados en torno a la Comunidad de Desarrollo del África Meridional (SADC) tienen ante sí el reto de buscar medidas encaminadas a la consolidación de la paz que ponga fin a la inestabilidad que amenaza con provocar un efecto contagio en la zona. Asimismo, la comunidad internacional tiene ante sí el reto de acompañar a los actores locales de la sociedad civil que trabajan en la construcción de paz en el país.

 

Artículo original publicado en Escola de Cultura de Pau, Alerta 2020! Informe sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz, Barcelona: Icaria Editorial, 2020.

Foto portada: Evelyn Simak

Mapa: AFP / Kun TIAN

(La Orotava, Tenerife,1978) Sociólogo, más por vocación que por ejercicio. Con un pie en el mundo de la Cooperación al Desarrollo, otro en los Estudios Africanos y las RRII y otro (sí, tengo tres pies, por eso mi vida cojea) esparcido en las docenas de post it que me recuerdan pendientes por acabar (entre ellos, una cosa que se llama tesis). Interesado en la conflictividad internacional y los mecanismos de resolución de conflictos. Me gusta Ulrike, “o se está con el problema, o se está con la solución, pero en el medio no hay nada”. @ivanbentor

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