La necesaria inyección de fuerza desde la izquierda

¿Por qué Sudáfrica necesita un socialismo democrático?

Después de 25 años en el poder, uno esperaría que el Congreso Nacional Africano (CNA), el partido que trajo a los sudafricanos la masacre de Marikana, 40% de desempleo, cortes de energía de 6 horas, gobierno local sistemático interrumpido, la corrupción de Jacob Zuma y los Guptas y otras cosas más, estuviera contra las cuerdas. Pero, por alguna razón, la oposición no ha podido sacar provecho de esto. Cuando se anunciaron los resultados, el CNA ganó con una clara mayoría (57,6% de la votación nacional) y ocho de las nueve provincias. La oposición, a pesar del daño que el CNA se infligió a sí mismo y al país, todavía no es una amenaza política grave, pero ¿por qué no ha surgido una alternativa seria al CNA?

Durante 25 años, muchas personas de la izquierda creyeron que construir una alternativa requeriría que la sociedad civil, las ONG y los movimientos sociales crearan un poder compensatorio fuera del Estado para responsabilizar al CNA, pero esto no ha producido los resultados deseados. La respuesta corta a esto es que la política sudafricana necesita con urgencia una inyección de energía electoral desde la izquierda, algo que hable en un lenguaje que resuene entre los votantes, rechace todas las formas de chovinismo y abrace la democracia.

Una de las historias principales de estas últimas elecciones es la baja participación. Dada la variedad de opciones desagradables en la mesa, es difícil culpar a alguien que no pudo soportar ir a votar. Según la Comisión Electoral Nacional de Sudáfrica hay 36,5 millones de personas con derecho a voto, pero solo 26,7 millones están registrados. Eso significa que alrededor de 9,8 millones de sudafricanos no se registraron para votar, como señalaron las Federaciones de Sindicatos de Sudáfrica (SAFTU) después de la elección. Otros 9,7 millones se registraron pero decidieron no votar. La Comisión Electoral informó que más de un cuarto de millón de personas acabaron votando nulo.

Foto: HelenSTB – CC

 

El apoyo al segundo partido más grande, la Alianza Democrática (AD), logró reunir alrededor del 20,77% de los votos (obtuvo el 22,23% en las últimas elecciones de 2014), pero no logró ganar ninguna provincia fuera de su bastión en el Cabo Occidental (una estadística interesante es que la tercera parte de los votantes no se molestaron en votar en la provincia). La AD está aún más moribunda que el CNA y en la era posterior a Jacob Zuma sólo puede ofrecer retórica vaga, trucos baratos y oportunismo, como su campaña xenófoba de “asegurar nuestras fronteras”.

La sorpresa de las elecciones fue que la AD perdió votos hacia el partido nacionalista afrikáner de extrema derecha Freedom Front Plus (FF+). Este partido se opone a la discriminación positiva, niega los efectos del apartheid y se opone a la reforma agraria a toda costa. A pesar de los orígenes de la AD en la oposición liberal al apartheid (durante años fue el único partido de oposición, a veces con un diputado, en un parlamento exclusivamente de blancos), basó gran parte de la estrategia de crecimiento electoral posterior a 1994 en la absorción de los votantes de derecha que apoyaron al antiguo partido nacional. Si bien ha atraído votos negros, el partido ha luchado para transformarse en un partido de gobierno y su primer líder negro, el aplastante y débil Mmusi Maimane, no ha proporcionado una visión clara.

El Economic Freedom Fighters (EFF), tercer partido más grande en el Parlamento, tienen motivos para celebrar después de que aumentaron sus escaños en el Parlamento de 25 a 44. Aunque no es suficiente para forzar a los gobiernos provinciales de la coalición, el EFF es ahora la oposición oficial en tres provincias generalmente dominadas por el CNA: Noroeste, Mpumalanga y Limpopo.

El CNA puede haberse resentido por sus disputas internas, pero continua siendo la única fuerza a tener en cuenta. Sus aliados –la Federación de Sindicatos, COSATU, y el Partido Comunista de Sudáfrica, que podrían haber servido de contrapeso para controlar el poder del CNA- son sombras del pasado y luchan por sobrevivir posicionándose junto con el presidente Cyril Ramaphosa.  Es improbable que ellos, u otras fuerzas de izquierdas cercanas al CNA, influyan en la política en el futuro. Al fin y al cabo, el CNA, y las otras fuerzas, está fuera de la realidad y lleva prometiendo su renovación desde hace más de diez años. Lo máximo que se puede esperar es crecimiento económico y que se corrija el rumbo de algunas de las instituciones más dañadas.

Entendiendo la política sudafricana

Es habitual que los expertos sudafricanos e internacionales entiendan la política sudafricana en base a un eje tradicional de izquierda / derecha, con el CNA ocupando el espacio hacia el centro-izquierda, la AD hacia el centro-derecha y el EFF y FF+ ocupando la extrema izquierda y derecha respectivamente. La AD y el CNA se entienden mejor como amplios partidos generalistas que abarcan una serie exótica de diferentes corrientes políticas en la misma formación. Para el CNA, éstas incluyen nacionalistas negros, conservadores, neoliberales, sindicalistas, socialdemócratas y comunistas; mientras que la AD une libertaristas, thatcheristas, liberales, conservadores, afrikaners y nacionalistas de color, entre otros. Partidos como el FF+ y el ex líder bantú, ya nonagenario, Mangosuthu Buthelezi, del Partido de la Libertad Inkatha (IFP), son esencialmente partidos nacionalistas étnicos. Su desempeño en estas elecciones está ligado a sentimientos crecientes entre los grupos que perciben que sus intereses ya no están siendo atendidos por los partidos generalistas.

El EFF es un partido populista racial que emplea retórica de izquierda. Sus posiciones políticas y su apoyo a las luchas por la tierra y los derechos económicos significan que una gran parte de su base social abarca a trabajadores, estudiantes y activistas de movimientos sociales. El liderazgo del EFF puede ser corrupto y oportunista, pero descartar la totalidad del apoyo del partido sería efectivamente olvidarse de una gran parte de la base necesaria para una política de izquierdas. El EFF moviliza sentimientos agraviados en líneas raciales en lugar de líneas de clase y su liderazgo autoritario se entiende mejor como otra facción del CNA: una facción en competencia con un mensaje más carismático y apasionado.

Los actores más pequeños son principalmente los partidos religiosos con base en alguna confesión o las operaciones de una sola persona establecidas por políticos veteranos, como Patricia de Lille (ex alcaldesa de Ciudad del Cabo), que emplean toda su energía en lograr permanecer en un cargo público. Su falta de éxito comparado con los partidos confesionales contrasta fuertemente con lo que se ha presenciado en otros lugares, especialmente en Brasil, aunque está claro que el CNA y la AD, por ahora, absorben a estas iglesias y sus ávidos líderes.

La AD enfrenta un futuro incierto en la era post-Zuma. No tiene una política coherente, su amplio espectro electoral, de centro-derecha, aparentemente ya no incluye a muchos blancos conservadores y no tiene nada ideológicamente que la distinga de un Cyril Ramaphosa que apoya claramente las políticas pro-empresa. Los trucos oportunistas y las banalidades de la AD no son suficientes para convencer de que esté realmente lista para gobernar a unos sudafricanos cansados de ella. Sus luchas internas, las rabietas y las peleas de Twitter son más bien una molestia..

Si los partidos políticos existentes son decepcionantes y la política está caduca, está claro que Sudáfrica necesita una inyección desde la izquierda. Durante demasiado tiempo, el espacio para las políticas de izquierdas ha estado dominado por la idea de que la política sólo puede construirse impugnando el poder del Estado a través de movimientos sociales y ONG. La izquierda tiene que pensar electoralmente.

Los sudafricanos siguen creyendo en la democracia, a pesar de las decepciones de los últimos 25 años. La mayoría de los votantes optó por partidos que defendían, en lugar de rechazar, los acuerdos democráticos. Los partidos marginales, como el Black First Land First (Lo negro primero, la tierra primero) y su cómico líder Andile Mngxitama, que afirman que 1994 no cambió nada y que el pueblo sudafricano ha sido vendido a un sueño imposible llamado “democracia”, fueron rechazados por el electorado. Los sudafricanos tienen poca paciencia para la retórica militante y las promesas de revolución alejadas de sus realidades materiales. Los años de discurso vacío del CNA, COSATU o el Partido Comunista, han hartado a muchas personas trabajadoras.

El espacio para un partido de izquierdas en estas últimas elecciones fue ocupado por el recién creado Partido Socialista de los Trabajadores Revolucionarios (SRWP por sus siglas en inglés). El SRWP es una creación del Sindicato Nacional de Trabajadores Metalúrgicos de Sudáfrica (NUMSA), el sindicato más grande del país. En 2016, NUMSA se separó de COSATU para ayudar a formar la Federación de Sindicatos de Sudáfrica (SAFTU). El líder de la SRWP es Irvin Jim, también secretario general de NUMSA. Curiosamente, SRWP sólo dio a conocer su manifiesto a dos días de celebrarse unas elecciones a las que hacía sólo un mes que había decidido presentarse. Al final, la Federación de Sindicatos se negó a apoyar al SRWP y el partido recibió sólo 24.439 votos.

Tras la elección, el SRWP culpó de su pobre resultado al fraude electoral masivo (aunque no proporcionó ninguna evidencia) y al imperialismo. Al concurrir en una plataforma en gran parte derivada del dogma soviético de la era de Brezhnev (Irvin Jim es particularmente culpable de esto) y confiar en las citas de Lenin en lugar de hablar con los sudafricanos allá donde se encuentran, el SWRP logró ahuyentar a los pocos votantes que podía alcanzar, incluida la mayoría de sus miembros. La democracia no puede darse por descontada, los agotados clichés ​​acerca de la revolución y el hecho de que el Estado sea un instrumento de la clase capitalista hacen poco por ayudarnos a comprender el estado de cosas o a diseñar una estrategia. Por ejemplo, el ataque del SWRP a la comisión electoral del país no solo es oportunista, sino que es antimarxista. La democracia ha brindado un espacio abierto para organizar y construir movimientos sin tener que enfrentarse a los militares, incluso aunque los sudafricanos se enfrenten, cada vez más, a la violencia policial en sus manifestaciones. Guste o no, la mayoría de los sudafricanos creen en la democracia. Descartar esto como falsa conciencia y decir que las elecciones, por las que tantas personas lucharon y murieron en Sudáfrica, son un mero truco de la burguesía, insulta nuestra lucha. Cualquier proyecto de la izquierda futura debe comenzar con la premisa de que 1994 marcó una victoria para la democracia y las fuerzas progresistas, algo que debe valorarse en lugar de rechazarse. 1994 pudo haber sido un acuerdo negociado, pero fue una victoria en comparación con la alternativa de la guerra civil.

Resulta evidente que existe espacio para un nuevo tipo de política en Sudáfrica. Cualquier política que quiera incorporar en su discurso los efectos de la desigualdad racial y el neoliberalismo en Sudáfrica sólo puede provenir de la izquierda. Se considera que, contando la abstención, los votos nulos y la baja participación, sólo el 27% de los sudafricanos votaron por el CNA en las últimas elecciones.

La democracia proporciona una plataforma para la movilización y la construcción de movimientos y la mayoría todavía tiene algo de fe en ella. En los últimos años, hemos visto un aumento socialista democrático en México, Estados Unidos y el Reino Unido, ya que figuras como AMLO, Bernie Sanders y Jeremy Corbyn defienden una alternativa democrática a los desvanecidos sueños de revolución. En Sudáfrica, también necesitamos una plataforma para defender políticas a favor de una gran mayoría. Necesitamos una política arraigada en luchas que se opongan a la política del patrocinio de los grandes hombres en los partidos políticos, movimientos sociales y sindicatos. Una que tome en serio la lucha contra el patriarcado y rehúya de posiciones autoritarias. La izquierda no puede construir una alternativa a través de la nostalgia o las fantasías revolucionarias. No tenemos una base, pero eso no significa que no podamos construir una. La tarea es seguir creando un programa creíble que aborde los temas centrales: corrupción, crimen, empleos y crecimiento bajo la presidencia de Ramaphosa, sin rendirse a los dogmas de la izquierda fracasada o del centro liberal. Las próximas elecciones del gobierno local, en 2021, presentan esa oportunidad.

 

Autores

Benjamin Fogel & Sean Jacobs

Este artículo fue publicado originalmente en Africa is a Country

Traducción: Africaye.

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