El país de África occidental enfrenta tensiones políticas y sociales tras el fin de la epidemia del ébola

Sierra Leona post-ébola: la instrumentalización política y socioeconómica de una epidemia

 

El pasado mayo se cumplieron dos años del contagio del virus del ébola en tierras sierraleonesas. Este virus, procedente de la vecina Guinea, se llevó la vida de casi 4.000 personas en poco más de 20 meses en este pequeño país de África occidental. El último caso de ébola en Sierra Leona se detectó en enero del presente año y en marzo la Organización Mundial de la Salud declaró el país libre de ébola. La epidemia llegó en un momento crítico para el país, poco más de una década después de la declaración oficial del fin de la guerra civil (1991-2002) y, por lo tanto, en plena fase de reconstrucción post-bélica. En este sentido, es pertinente hacer una breve revisión de la situación política, económica y social actual en Sierra Leona destacando algunos de los efectos que ha tenido el ébola sobre el país.

 

Situación política: el horizonte del tercer mandato

En septiembre de 2007, Ernest Bai Koroma del All People’s Congress (APC) ganaba las elecciones presidenciales certificando así la alternancia política al arrebatar la presidencia a Ahmad Tejdan Kabahh del Sierra Leone People’s Party (SLPP), que había ganado las primeras elecciones democráticas después de la guerra en 2002. Koroma fue reelegido en las elecciones generales de 2012 y actualmente ambos partidos están inmersos en los preparativos para las inminentes elecciones presidenciales que se celebrarán el próximo año. Sin embargo, en 2016 se han producido algunos hechos que no auguran unos comicios tranquilos para las próximas elecciones generales que, como apuntan medios y diferentes encuestas, se van a disputar por parte del APC Joseph Fitzerald Kamara, comisario de la Comisión Contra la Corrupción, y Kandeh Kolleh Yumkella por parte del SLPP, ex-Director General de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial y con buenos dotes y conexiones diplomáticas.

Como ejemplo de algunas tensiones políticas, destacan la incursión de la policía en la sede del SLPP durante la celebración del día de la independencia el pasado 27 de abril, los episodios de violencia entre simpatizante de ambos partidos en el distrito de Kailahun a raíz de la celebración de elecciones parlamentarias parciales (bye-elections) o las fuertes tensiones que se vivieron el pasado agosto en el distrito norteño de Koinadugu después que la policía matara a dos jóvenes a tiros durante una manifestación en Kabala. Aunque tales enfrentamientos e injusticias son rápidamente difundidos a través de redes sociales como facebook o whatsapp con imágenes y videos, la sistemática mala praxis de la policía y el uso de fuego real contra las personas actúa como factor disuasorio para cualquier tipo de manifestación o reivindicación en la calle. Todos estos episodios agravian la tensión sociopolítica entre partidarios del SLPP y del APC y contra las instituciones.

Además, buena parte del foco de tensión actual entre APC y SLPP viene por lo que algunos expertos han llamado el fenómeno africano del “tercer-mandatismo” (third-termism). Presidentes de diferentes países africanos como Denis Sassou Nguesso de la República del Congo, Pierre Nkurunziza de Burundi, o Robert Mugabe de Zimbawe, entre otros, están ejerciendo fuertes presiones para forzar una reforma constitucional que les permita optar a un tercer mandato. Esto está generando, por un lado, mucha tensión con los principales opositores políticos y, por otro lado, está generando mucha expectación por parte de presidentes como Paul Kagame de Rwanda o Joseph Kabila de la República Democrática del Congo, quienes también están llegando al final de su segundo mandato y restan a la expectativa de los acontecimientos de sus países vecinos. En este sentido, parece que Koroma se ha subido al carro del “tercer-mandatismo”. Sus círculos más cercanos utilizan los dos años de estancamiento nacional provocados por el ébola como pretexto para defender su legitimidad para ejercer un tercer mandato. Hay, por lo tanto, un proceso de instrumentalización del episodio epidémico con una clara intencionalidad política. En efecto, el año que entra no se presenta calmado políticamente en absoluto, y no parece que ni el APC vaya a aceptar una derrota con fair-play en las elecciones generales ni que el SLPP ceda a las presiones de Koroma para un tercer mandato.

 

Situación económica: patrimonialismo y estancamiento económico

La opinión general y, en particular, la que se transmite desde las instituciones, es que los dos años de epidemia tuvieron efectos devastadores para una economía que empezaba a alzar el vuelo en su camino hacia la reconstrucción post-conflicto. De forma similar al ámbito político, se toma el periodo de ébola como pretexto para justificar un retraso económico estructural. De nuevo, se instrumentaliza la epidemia con una intencionalidad en este caso económica, consistente en la perpetuación de un sistema económico patrimonial. Como ejemplo reciente, el pasado verano se produjeron algunos hechos en el sector de la extracción de minerales que reafirman este fenómeno de patrimonialización económica en que vive el país. Durante el mes de junio, el gobierno cerró el acceso a una de los complejos mineros más grandes del distrito de Kono, que es una de las regiones del país más ricas en minerales. Los motivos del cierre brillaron por su ausencia. La tensión estalló cuando vecinos de la zona empezaron a presenciar el tránsito de maquinaria pesada de extracción alrededor de la zona que había estado cerrada anteriormente. La falta de transparencia y las irregularidades en el sector de la extracción de minerales siguen debilitando la imagen del gobierno y sus agencias, quienes siguen poniendo el acento en la erradicación de la extracción ilegal, desviando así el foco de atención.

Por otro lado, persiste un retraso, una inacción y una responsabilidad por omisión respeto el desarrollo de sectores económicos clave para el país como el sector de los recursos marinos o el turismo, lo cual difícilmente puede ser imputable al ébola, ya que en la primera década de post-conflicto estos dos sectores apenas habían sido objeto de inversión gubernamental, al menos no con una sólida determinación. En referencia al sector marino, ya no es que los gobiernos no estén invirtiendo estratégicamente para el desarrollo de, por ejemplo, la industria pesquera. Es que ni tan solo existe una flota de vigilancia que prevenga la incursión de barcos extranjeros en la zona de explotación económica exclusiva de Sierra Leona, lo cual representa grandes pérdidas económicas potenciales para el país y el lucro ilegal de terceros. Por otra parte, tampoco el sector del turismo parece que avance a buen ritmo. Si bien empresas chinas están construyendo algunos complejos de lujo en Aberdeen, al oeste de Freetown, donde se concentra la comunidad expatriada (trabajadores de organizaciones internacionales, oenegés, empresarios, etc.), en general el estado de infraestructura como las principales vías de comunicación del país o el acceso al aeropuerto sigue siendo muy deficiente.

Situación social: desarrollo extrainstitucional

Lógicamente, en un estado con tal estancamiento económico, la política social está entre las últimas prioridades de la agenda gubernamental. Durante los últimos meses, y a raíz de los desastres que sufrieron los slums (favelas) de Freetown durante la pasada época de lluvias, el gobierno está intentando implementar un plan de relocalización de los miles de personas de los slums, que viven en condiciones miserables, consistente en la construcción de nuevas viviendas con condiciones dignas alrededor de la ciudad para estas personas. Hasta la fecha, sólo 10 familias han sido relocalizadas. Cabe mencionar que existe una posición de fuerte resistencia por gran parte de los habitantes de los slums que se niegan a salir de Freetown, donde les es más fácil conseguir medios para la supervivencia.

En el ámbito extrainstitucional, el ébola tuvo un efecto social que merece ser descrito con atención. A falta de una respuesta institucional a las necesidades sociales y de bienestar de los sierraleoneses, y más en particular a falta de capacidad gubernamental para orquestar una estrategia efectiva de lucha contra el ébola, fueron las mismas comunidades las que decidieron auto-organizarse para diseñar una respuesta comunitaria a la epidemia. Fueron muchas las organizaciones que emergieron de entre la sociedad civil entre 2012 y 2014 para atacar todos los desafíos que estaba generando el episodio epidémico, desde la organización de puntos de avituallamiento para voluntarios, la habilitación de zonas de no acceso para evitar la propagación de casos contagiosos hasta la tarea de eliminación de los cadáveres infectados. Lo interesante es que parte de este tejido social que provocó el ébola ha perdurado en el contexto postepidemia y muchas de estas organizaciones han redefinido sus objetivos hacia fines socioeconómicos de carácter más general. Un ejemplo claro es la organización STEP-K (Sustainable Development for the People of Koinadugu) del distrito norteño de Koinadugu, que nació como respuesta comunitaria al Ébola y ha permanecido como organización local con fuertes vínculos internacionales con el objetivo de desarrollar proyectos con la finalidad de promover el desarrollo sostenible y el apoyo a organizaciones de base comunitaria como por ejemplo asociaciones de jóvenes.

En conclusión, se puede observar como el ébola ha tenido un impacto claro en Sierra Leona, en particular, como ha sido instrumentalizado tanto por las instituciones como por la sociedad civil con fines distintos. Por un lado, el gobierno parece tomar el episodio epidémico como pretexto para justificar una estrategia política y económica que genera tensión dentro la sociedad y que no contribuye al desarrollo económico, perpetuando así la situación de inestabilidad política y la situación de pobreza de la mayoría de la población. Por otro lado, el ébola ha servido para que parte de la sociedad civil experimentara un proceso de auto-organización ajeno al marco institucional con el objetivo de implementar proyectos de base comunitaria que sí tienen un impacto socioeconómico positivo sobre la sociedad. En definitiva, son las comunidades las que velan por su bienestar al margen de unas instituciones que parecen tenerlas olvidadas.

 

Ignasi Torrent Oliva, profesor de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona

 

Foto de portada:  DFID

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