El movimiento político-social que busca unas elecciones libres frete a Kabila

El 15M congoleño: la LUCHA

Fred, Serge, Rebecca, son algunos de los nombres que se han convertido en símbolos de la militancia por la paz, la democratización, la transparencia y la participación social y política de los ciudadanos al margen de los partidos políticos tradicionales. Ellos son sólo algunos de los militantes de LUCHA (Lutte pour le Changement) que han pasado por los centros de detención de la República Democrática del Congo. Todos ellos son miembros de un movimiento social que, en muy poco tiempo, ha conseguido plantarse delante del régimen de Joseph Kabila y proponer alternativas que empiezan a abrirse paso entre la opinión pública.

 

Una sociedad movilizada contra Kabila

Aunque el movimiento nació en 2012 en Goma, al este del país, en los últimos dos años su influencia ha crecido exponencialmente. Uno de los factores de su refuerzo ha sido, paradójicamente, la represión. Lejos de conseguir silenciarlos, las detenciones a menudo indiscriminadas han hecho que crezca su prestigio. Las autoridades son las primeras sorprendidas por su pujanza y con sus acciones han demostrado que no saben cómo tratar a un movimiento que se escapa de todos los esquemas vistos previamente en el país. Primero, optaron por la mano dura, arrestos y desapariciones temporales, una campaña de desprestigio a través de los medios próximos al gobierno, acusaciones de terrorismo e, incluso, la amenaza de la pena de muerte como respuesta a sus movilizaciones. El miedo, sin embargo, no ha doblegado a estos jóvenes entusiastas y las autoridades han cambiado de estrategia. De visita en Goma, Kabila ha llegado a pedirles una entrevista e, incluso, ha aceptado encontrarse con una delegación de más medio centenar de militantes. En un momento dado, la mayor parte de sus militantes presos fueron liberados mediante diferentes fórmulas, como medida de apaciguamiento del clima social, según las propias autoridades.

El resultado tampoco ha terminado de ser satisfactorio para el gobierno. Y es que LUCHA ha mostrado una extraña capacidad para la coherencia, una determinación que les ha llevado a tomar decisiones sorprendentes.

En diciembre de 2015, un grupo de organizaciones de la oposición congoleña se reunieron en Dakar, en la simbólica isla de Gorée. El objetivo, explorar la posibilidad de hacer un frente común que pudiese desalojar del poder a Joseph Kabila. Entre los participantes había representantes de LUCHA que, sin embargo, decidieron quedarse fuera de la entente. Con absoluta modestia, una de esas representantes confía que asistieron a la cita a escuchar. En todo caso, el principal escollo eran los partidos políticos. En el poder o en la oposición, los partidos políticos convencionales forman parte del sistema, para LUCHA y la solución no pasa por un cambio de nombre, sino por un cambio de paradigma. Curiosamente, otros movimientos que también habían abogado por ese posicionamiento, sí que se adhirieron a ese frente común.

Verano de lucha

El 22 de julio de este año, Joseph Kabila otorgó una “gracia” presidencial a seis militantes de LUCHA detenidos. La provocación y la maniobra son evidentes, los militantes serán liberados por obra de la “gracia” del presidente al que el movimiento le exige desalojar el poder.  Sólo un día después los seis afectados hicieron pública una carta que confirmaba la línea de coherencia y de sacrificio. En un tono exquisito, agradecían a Kabila lo que consideraban que era un reconocimiento de la arbitrariedad con la que se estaba reprimiendo su movimiento pacífico; mostraban su esperanza de que la medida abriese un camino hacia el respeto a las libertades; y le recordaban a otros compañeros presos. “Esperando, por solidaridad con nuestros camaradas y todos nuestros conciudadanos injustamente privados de libertad y cuya suerte es todavía incierta, preferimos quedarnos en prisión”, le soltaban a Kabila. Finalmente, los seis miembros del movimiento fueron “expulsados” de la cárcel en la que cumplían condena.

El 18 de agosto, medio centenar de miembros de LUCHA se reunieron con el presidente Joseph Kabila en la residencia del gobernador de la provincia de Kivu Norte, de la que es capital Goma. En encuentro se produjo a petición del presidente. Los militantes aceptaron, pero tuvieron que hacer frente a duras críticas de quienes consideraban que se estaban doblegando. Sin embargo, el enfoque del movimiento es bien distinto, también se habían reunido con la oposición sin que nadie se extrañase, ¿por qué no llevar sus reivindicaciones hasta el mismísimo presidente? “Lo que gritamos en la calle, se lo hemos dicho a Kabila en la cara”, explican los miembros de LUCHA. Poco después, el gobierno continúa haciendo gestos para destensar la situación y propicia la puesta en libertad de uno de los militantes más carismáticos, Fred Bauma.  LUCHA demuestra que no se ha dejado camelar por las autoridades cuando se niegan a participar en un pretendido proceso de diálogo, del que Kabila, sin embargo, consigue arañar el apoyo de algunos de los partidos de la oposición. LUCHA se mantiene al margen y mantiene inmutable su reivindicación de la celebración de unas elecciones antes del 19 de diciembre, según el dictado de la Constitución.

Estas respuestas en situaciones críticas han sido las que han acabado construyendo el aura de coherencia que presenta, hasta el momento, LUCHA. Ese prestigio le ha valido el apoyo de organizaciones internacionales y el reconocimiento, por ejemplo, con el premio Embajadores de Conciencia (junto a otros movimientos) por parte de Amnistía Internacional. No es fácil saber cuál es el número de militantes de un movimiento que huye de las dinámicas de los movimientos convencionales, pero lo que es cierto es que, desde su nacimiento en Goma, LUCHA ha conseguido presencia en diez ciudades importantes de todo el país, incluyendo la capital, Kinshasa y Lumumbashi, y en una veintena de localidades, en las que desarrollan sus actividades.

La actual expansión de LUCHA se inició en torno a las protestas de principios de 2015, en las que los ciudadanos y varios movimientos se revelaban ante los movimientos de Kabila para mantenerse en el poder después de que en diciembre de 2016 concluya su actual mandato. A partir de esas movilizaciones, la actividad se intensifica, la represión también, la LUCHA hace uso de las redes sociales manera cada vez más sistemática y empieza a rodar la bola del prestigio del movimiento. De ahí, al apadrinamiento de otro colectivo, Filimbi; las detenciones de miembros emblemáticos; las campañas internacionales; la escalada de la respuesta de las autoridades; las acusaciones de terrorismo; los rumores sobre su ilegalización; y más detenciones; y más muestras de firmeza por parte del movimiento… y así hasta la situación actual en la que el aparentemente todopoderoso Kabila intenta ganarse su simpatía.

 

Un objetivo: elecciones democráticas

La gran apuesta de LUCHA es la celebración de las elecciones antes del 19 de diciembre, como marca la Constitución. Ese es el posicionamiento irrenunciable de LUCHA, el respeto a la Constitución, como muestra de salud democrática. Porque uno de los objetivos de LUCHA es afianzar la democracia, pero hacerlo desde un esquema diferente al que habitualmente se plantea como única posibilidad. Para el movimiento, décadas de violencia y corrupción han hecho que el sistema en  RD Congo necesite un cambio radical. Se trata de que los ciudadanos vuelvan a recuperar el protagonismo, que tengan la capacidad de controlar a los gobernantes para que ellos no manejen el país a su antojo. Y para LUCHA la participación se cimienta en las calles y por eso es habitual que organicen jornadas de trabajo colectivo en las ciudades, campañas de limpieza populares que permiten a la ciudadanía recuperar el espacio urbano. El movimiento quiere construir una sociedad nueva, pero también un país, un país en paz. De ahí que no hayan dudado en denunciar las agresiones llegadas desde Ruanda y más recientemente la presencia del líder rebelde sursudanés Riek Machar y de algunos de sus combatientes en territorio congoleño.

Así el reto de las exigidas elecciones presidenciales ha centrado buena parte de la movilización y la sensibilización de LUCHA en los últimos tiempo, pero todas esas otras reivindicaciones no han sido desplazadas. Los últimos acontecimientos, sin embargo, han hecho incrementar la tensión. La decisión de la Corte Constitucional de avalar el aplazamiento de las elecciones propuesto por Kabila, ha sido considerado por LUCHA como un golpe de estado institucional. Los ciudadanos han vuelto a las calles. Y los miembros del movimiento han vuelto a ser detenidos por participar en manifestaciones. LUCHA, sin embargo, se mantiene firme en su reclamación de más protagonismo para los ciudadanos y continúa reclamando las elecciones en diciembre. Ninguno de estos obstáculos, ni en los momentos más tensos, ni en los más amables, han hecho que LUCHA renuncie a uno de sus rasgos más característicos: la apuesta por la no violencia. Dicen sus miembros, que en RD Congo ya se ha vivido suficiente violencia y se ha mostrado ineficaz como herramienta de cambio, así que los jóvenes de este movimiento se alinean en la vía pacífica, una estrategia de acción directa no violenta en la que han demostrado estar dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias.

 

Autor

Carlos Bajo Erro (Pamplona, 1978) es periodista. Colabora para diversos medios de comunicación y es uno de los fundadores de Wiriko. Su área de especialización son las TIC y su relación con los movimientos sociales africanos. @cbajo

 

Foto de portada: Movimiento La LUCHA

bajo

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