El movimiento #MAC114 ante las elecciones de 2016

Cabo Verde se indigna

Supongo que el día más difícil de una revolución debe de ser el día en que echas a andar y nadie, o muy pocos, te siguen, a pesar de tener la profunda convicción de que lo que defiendes es, además de correcto, lo que el resto del mundo siente pero no se atreve a expresar. Recuerdo a los indignados de Plaza Catalunya en Barcelona, después de la convocatoria del 15-M, en la que todo el mundo jurará que estuvo. Recuerdo perfectamente una sombrilla de la playa, instalada en medio de una plaza que la miraba indiferente, como si de otro stand publicitario o de otra campaña de captación de socios para ONG dispuestas a todo se tratara. Y debajo de la sombrilla, Oriol y compañía, compañeros de mi asociación, más solos que la una, porque una cosa es hacer la revolución el domingo por la tarde y otra el martes por la mañana. Y el miércoles y el jueves, y el viernes:

“- ¿Os bajo un bocata? Cualquier cosa, ya sabéis donde está la oficina.”

 

mani Achada

Supongo que así estaban, salvando todas las distancias, física, sociales e históricas, el 13 de enero pasado -el Día de la Libertad y de la Democracia en Cabo Verde- las nueve personas que acudieron al llamado del movimiento Mobilização para Ação Cívica #MAC114 en Praia, para organizarse y emprender su camino. Una semana después, del Día de los Héroes de la Patria, ante el monumento del ideólogo y líder de la independencia, Amílcar Cabral, eran algunos más y se atrevieron a manifestarse, en silencio. Seguramente nadie habría sabido de ellos si no hubiera sido porque, en las siguientes semanas, la asamblea de aquel país decidió mejorar las ‘condiciones económicas’ de sus parlamentarios. El acuerdo, subscrito entre todos los partidos del archipiélago, elevaba en un 65% el sueldo de los y las diputadas, entre otros privilegios. Algo insoportable para la opinión pública, en un país con una deuda que en 2015 se eleva al 114% de su PIB y que soporta tasas de desempleo superior al 15%.

Precisamente esas personas desempleadas son el caldo de cultivo de un movimiento que lleva un hashtag en su nombre, prueba de que los tiempos también cambian la manera como se articulan los movimientos sociales en cualquier rincón del planeta. Personas jóvenes, entre los 22 y los 33 años, formadas en universidades, extrajeras en muchos casos, sobradamente preparadas que diría aquel fabricante de coches, a quienes no les cuadra en absoluto la deriva política y el anquilosamiento de Cabo Verde. Quien conozca algo este país de medio millón de habitantes, de los que el 60% vive en la capital, sabe que todo el mundo se conoce y que si no estás conectado a las élites, es difícil tener opciones. La meritocracia fuera del partido de turno en el gobierno es un platillo volante. Con el reflujo del exilio europeo devolviendo personal con estudios e incluso sobrada experiencia profesional adquirida en la ex-metrópoli, Francia, Luxemburgo u Holanda, la presión por hacerse un hueco y tener opciones a ganarse la vida en Praia o Mindelo tenía que explotar por algún lado.

Otra vez, desde el balcón, veo la revolución pasar bajo mis pies. Esta vez dejo los bártulos encima de la mesa, me acerco, no ya a ofrecer bocadillos porque no es la hora, si no a tomar algunas fotos. Una manifestación de miles de personas en Praia sólo es posible verla en Carnaval o cuando acaba la liga portuguesa y hay que celebrar, a quien le toque, el triunfo deportivo. Es 30 de marzo y asistimos a una de las mayores manifestaciones de fuerza de la sociedad civil caboverdiana en años. Los de Rony Moreira, la cara más visible del #MAC114, ya no son nueve, sino miles, agitando pancartas y lanzando consignas al viento del Atlántico. Vergonha Nacional! Políticos mentirosos! Respeito ao povo! Apelamos ao veto! Apelan al veto presidencial, la última instancia que les queda para frenar la iniciativa legislativa. El veto llega en los siguientes días y los dos partidos principales saben leer la situación, renunciando a enmendar la propuesta devuelta a la Asamblea por el Jefe del Estado, con un año de elecciones, el 2016 -municipales, legislativas y presidenciales- a la vuelta de la esquina, poco margen de maniobra y mucho que perder.

La pregunta que todo el mundo se hace en el país -seguramente ya se la imaginan- es qué va a pasar con el #MAC114. ¿Se va a convertir en un nuevo partido político? Rony, sociólogo y agricultor -la nueva política apuesta por formas innovadoras, ya ven-, un socialista convencido, ex-dirigente del PAICV -ahora en el poder-, expulsado del partido por criticar su alejamiento de los ideales con los que Amílcar Cabral luchó para liberar el país de la dictadura de Salazar, recuerda de dónde vienen las siglas: ‘El artículo 114 del reglamento de la Asamblea es el que defiende la honorabilidad de los diputados. Nosotros lo usamos para recuperar la honra de los desempleados, de las personas más desfavorecidas y que pasan por dificultades, así como la de los ciudadanos que no son políticos en Cabo Verde’. Nadie cierra la puerta a nada, pero es tiempo de reflexión de puertas adentro del movimiento. La presión del sistema es inmensa. Pueblo chico, infierno gigante. Quizás sea demasiado precipitado, quizás el objetivo alcanzable fuera simplemente ése. El segundo peor día de la revolución debe ser aquel en que tienes que gestionar su -aparente- éxito y dar el siguiente paso, no quemarte con los focos, mantener la ilusión intacta y el rumbo certero. Y añade Rony: ‘Nuestro objetivo es ser un grupo de presión para ayudar a mejorar la democracia caboverdiana, para que vuelva a ser más participativa y que el pueblo no sea llamado solamente cada cinco años para decidir quién va a gobernar. Queremos hacer oír nuestra voz en pro de un cambio que sea capaz de traer más equilibrio social, económico y político para Cabo Verde.’

Ya conocen en qué acabó aquella sombrilla de verano en medio de Plaza Catalunya en Barcelona. En Cabo Verde algo está en marcha, quizás una primavera saheliana, a la que debiéramos estar atentos y atentas.

 

Por

Miquel Carrillo @MiquelCarr

Comenta

  • (no se publicará)