Una lectura feminista de las protestas #FreeSenegal

#FreeAdjiSarr para #FreeSenegal


“Mujeres, hacedles masajes a vuestros maridos en casa, por favor, la paz del país depende de ello”

“Dime una cosa que haya hecho famoso a tu país -una masajista-“


Estas son algunas de las “bromas” que circulan en las redes en Senegal, tras las acusaciones de violación vertidas sobre Ousmane Sonko, figura preeminente de la oposición, por Adji Sarr, quien trabaja/trabajaba en un local de masajes que se dice, este visita regularmente. Me pregunto cómo se sentirá esta mujer mientras un bombardeo de memes y bromas aparecen en mi timeline. Me lo pregunto mientras la gente se ríe de ella y al mismo tiempo se enfurece en favor del hombre al que ella ha acusado. ¿está pensando “y yo qué, dónde está tu indignación por mí”? lo último que he sabido es que ha tenido que esconderse, tras recibir numerosas amenazas de muerte, a pesar de, o quizás pese a las numerosas protestas a lo ancho del país, esencialmente en solidaridad con Soko ante la extremadamente poco democrática reacción del gobierno.

Las protestas empezaron el 3 de marzo de 2021, cuando Soko fue arrestado después de que el Parlamento le revocara su inmunidad en un movimiento más que cuestionable. Mientras las protestas se propagaron, fiel al patrón de las protestas actuales, Senegal se convirtió en tendencia en las redes sociales, como mínimo, a lo largo del continente. Revisé multitud de noticias sobre “qué está pasando en Senegal”, ninguna de ellas mencionaba a Adji Sarr o la violación. Si esta era mencionada, estaba inmediatamente seguida por “motivación política” para poner en duda el caso de Sarr y silenciarla.

La amplia cobertura se ha centrado en Ousmane Sonko y la injusticia a la que se enfrenta, de nuevo, prácticamente nada sobre Adji Sarr. Algunos medios y activistas locales e internacionales  han lamentado el impacto de esto en las supervivientes de violencia sexual y las implicaciones para la justicia y la rendición de cuentas, pero demasiadas pocas. Los titulares continúan llenos del señor Sonko y la crisis democrática y socioeconómica en la que el país se encuentra. La situación actual es compleja y tiene multitud de capas que no pueden interpretarse independientemente. 
 


Política

Ambos, el gobierno y la oposición, han instrumentalizado este momento político para concentrar el apoyo de su bases. El gobierno ha aprovechado la oportunidad para intentar anular a un líder opositor sin el debido proceso. La oposición ha aprovechado el momento para airear el creciente agravio y desafección con el actual gobierno, especialmente en lo que se refiere a su creciente deriva autárquica.

Las recientes declaraciones del presidente Macky Sall, reduciendo las horas del toque de queda, y la declaración incial del Ministro de Interior Antoine Diome, amonestando a los manifestantes y tildándolos de terroristas, por su puesto muestran una total desconexión entre el gobierno y la población, y no augura nada bueno para el futuro de la democracia en el país. El Presidente Sall fue recientemente reelegido para un segundo mandato de cinco años en 2019, y no está claro si tratará de volver a presentarse en 2024, lo que sería inconstitucional.  

Frustraciones socioeconómicas, inequidades crecientes

El gran grueso de la juventud de los 16 millones de población senegalesa, especialmente sus hombres jóvenes, se encuentran en gran medida desempleados o subempleados sin perspectivas de futuro reales. Es un país con una amplia comunidad expatriada y notorias diferencias en los niveles de vida debido al coste de los productos básicos. No es una sorpresa que la juventud se haya levantado para resistirse a una situación que exacerba el estado de las cosas actual. No es una sorpresa que esta resistencia se haya extendido al pillaje y destrozo de empresas que representan esos niveles de vida que no se han visto afectados por la situación económica global y/o la pandemia de la COVID-19, más allá de no poder viajar. 

Repercusiones de la COVID-19

La narrativa de que la COVID-19 no ha impactado en África tanto como en el resto del mundo se está volviendo problemática. Sobre todo porque con la atención centrada, lógicamente, en la pérdida de vidas, se ha desatendido a las millones de personas que están sufriendo para sobrevivir económicamente. En Senegal, el toque de queda impuesto mantiene a la juventud desempleada, con los sectores de restauración, taxis, entregas y correos cerrados. Muchos viven al día, en muchas ocasiones con menos de 5$. Si no pueden trabajar, ¿cómo van a comer, pagar el alquiler, simplemente vivir?

Por eso, la respuesta del gobierno a las acusaciones sobre Sonko han llevado a muchos, frustrados con el estado económico y de gobernanza, a las calles. Pero mientras protestamos y demandamos equidad en el reparto de la riqueza, y un sistema que funcione para todos, ¿funcionará este mismo sistema también para Adji Sarr? me temo que no. 

Rendición de cuentas

Parece que, después de todo, el camino de esta mujer no es muy diferente a aquel de otras supervivientes que se han atrevido a alzar la voz contra un hombre poderoso. Su cuerpo se ha convertido en un campo de batalla sobre el que hombres poderosos luchan por ganar ventaja política sobre el contrario. Su cuerpo se ha convertido en el espacio en el que la juventud protesta por las inequidades socioeconómicas y la desafección con el gobierno.

Su cuerpo se ha convertido en la calle en la que la gente resiste las restricciones y los impactos negativos que devienen de vivir una pandemia global. Su cuerpo ha sido reducido a un objeto que pisoteamos y la hemos borrado completamente del discurso público. Su historia ha sido convertida en una broma que la ciudadanía frustrada usa como humor de dudoso gusto en las redes sociales y debate con familia y amigos. La vida de una mujer está en peligro, y las opciones reales de obtener justicia menguan con la puesta en libertad bajo fianza de Sonko. Somos conscientes del juicio de la opinión pública y de la importancia que lo que pasa fuera de los juzgados tiene para la salud y la seguridad de cualquiera que denuncia un caso de violación.     

¿Podemos reclamar justicia sin reflexionar profundamente
y entender por qué una nación convierte en un recurso político
la vida y salud de una mujer?

Esta narrativa que la pone en un riesgo significativo a ella y otras supervivientes de violación y violencia sexual y de género, reforzando la duda y menospreciando su experiencia incluso antes de tener acceso a un juicio, no puede traernos seguridad a todos y todas. Desde fuera, puede resultar fácil asumir que se trata de otra instrumentalización de la violación como un arma contra el oponente político. Pero conocemos el complejo nexo entre el poder, la justicia y la rendición de cuentas en espacios en los que las mujeres son, frecuentemente, convertidas en fichas para avanzar objetivos políticos.  

En nuestra lucha por la democracia y la rendición de cuentas, nos insto a recordar cuál fue el desencadenante: una mujer, Adji Sarr, se atrevió a decir “él me violó”. Y debemos ser capaces de recordar lo suficiente como para decir que ella también merece ser escuchada. Merece protección, merece el debido proceso. Merece seguridad, no la difamación tan común en la actualidad. Si estás tentado a pensar “bueno, solo es política” recuerda la valentía que conlleva denunciar para una víctima de violación.

Denunciar a figuras políticas poderosas en el sistema actual mundial es casi como rendirse antes de haber empezado. ¿Cómo podemos prestarle el apoyo necesario a Adji Sarr en este momento? Le fallamos cuando nos adherimos a la narrativa de los poderosos, incluso cuando esa persona poderosa ha sido a su vez víctima del estado. Cuando no cuestionamos por qué el líder está pidiendo que se retiren los cargos mientras la mujer está escondida, con su vida en peligro, la democracia y la libertad que demandamos mientras agitamos banderas senegalesas no es para todo el mundo.

Si, por supuesto #FreeSenegal, pero recuerda que la libertad debe extenderse a todos y todas las ciudadanas, sin importar su género, posición social, poder y privilegio. Por supuesto #FreeSenegal, pero antes debemos #FreeAdjoSarr.


Nadia Ahidjo-Iya es una feminista viviendo en Senegal actualmente.

Texto originalmente publicado en African Feminist.


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