Acoso laboral, violaciones e indefensión de las supervivientes

#MeToo en Nigeria

Por el 18 febrero, 2020 África Occidental , Género

En julio de 2019, aproximadamente una semana después de que una fotógrafa nigeriana, Busola Dakolo, hiciera público que había sido violada por Biodun Fatoyinbo, el carismático megapastor de la Iglesia de la Commonwealth de Zion, otra mujer presentó pruebas en su contra. La historia de la segunda mujer compartió similitudes con la de Dakolo, pero también fue notablemente diferente. Dakolo era una adolescente recién salida de la escuela secundaria cuando, según su testimonio, Fatoyinbo la violó dos veces. La segunda mujer, que eligió contar su historia de forma anónima en un videochat que desdibujó sus rasgos, había sido un miembro adulto del personal de Fatoyinbo cuando supuestamente fue agredida.

Su relato fue detallado, incluso episódico. El evento, alegó, tuvo lugar en 2017, casi un año después de que aceptara una oferta de trabajo para actuar como tutora legal de los hijos de Fatoyinbo en un país extranjero no identificado.

Ella dice que, antes del asalto, había estado al tanto de las acusaciones de acoso previas contra Fatoyinbo, pero no las creyó. Era para ella, hasta el momento de la supuesta violación, un mentor y una figura paterna. En los días posteriores al asalto, ella continuó con su vida, presentándose en el trabajo, decidida a alejar la violencia mientras planeaba su salida. Lo más sorprendente de su historia fue su determinación de no presentar cargos a pesar de que Dakolo ya los había presentado.

Y, sin embargo, su reacción no es inusual en un lugar donde las personas que sufren violencia sexual tienen miedo de presentar cargos o de hablar públicamente por el riesgo a perder su sustento o seguridad. En un país como Nigeria, los supervivientes de acoso sexual en el lugar de trabajo saben que los hechos no son suficientes.

Un #TimesUp muerto al llegar

Aún así, la atención que el caso Fatoyinbo obtuvo en las semanas posteriores a que ambas mujeres compartieran sus historias aumentó las expectativas de que esta vez las acusaciones serían lo suficientemente importantes como para inclinar la balanza a favor de la justicia. Algunos pensaron que este sería el comienzo del ajuste de cuentas de Nigeria con nuestra cultura generalizada de violencia contra las mujeres y los cuerpos de las personas vulnerables. Y tal vez, esto se convertiría en una ola de cambio cultural con las políticas nuevas que sean necesarias.

Esa esperanza, sin embargo, se desvaneció después de que la demanda de Dakolo contra Fatoyinbo, quien ha seguido manteniendo su inocencia, fuera desestimada por la corte por ser “puramente sentimental y un abuso del proceso judicial”. Más que los méritos legales del caso de Dakolo, este fallo habla del poder que ejerce Fatoyinbo como el fundador de una de las iglesias más ricas de Nigeria.

Los nigerianos y las nigerianas rechazaron en las redes sociales la victoria del megapastor, pero esta vez el rechazo careció del celo que había inspirado marchas de protesta en las principales ciudades del país después de descubrirse la historia de Dakolo. Regresó el escepticismo habitual hacia el sistema legal del país y su incapacidad para responsabilizar a los perpetradores sexuales. Con el fallo, la gente de Nigeria había confirmado nuevamente que el país aún no estaba listo para el equivalente al #MeToo.

Imagen de las calles de Lagos, en Nigeria – Foto de oneVillage Initiative

 

Peor aún, según la Ley Laboral de Nigeria, el antiguo personal de Fatoyinbo ni siquiera estaba en posición de presentar una demanda de acoso sexual contra el que había sido su empleador. Si hubiera elegido responsabilizarlo por esos motivos, no habría tenido caso; en primer lugar, porque la legislación laboral de Nigeria no penaliza el acoso sexual en el lugar de trabajo. Las únicas opciones disponibles para ella como empleada violada por su jefe, por ley, habrían sido continuar su trabajo en silencio, presentar una queja ante la iglesia y esperar lo mejor. O dimitir.

Arreglando un sistema roto

En 2008, un intento de actualizar las leyes laborales del país, con un nuevo Proyecto de Ley de Normas Laborales que preveía el acoso sexual, fracasó en la Cámara de Representantes. Once años después, Nigeria aún no ha actualizado sus leyes laborales.

Cuando hablamos colectivamente sobre el acoso sexual en los lugares de trabajo en todo el país, a menudo se discute como un problema específico de la industria. Uno que afecta a las mujeres en, por ejemplo, la industria bancaria o de servicios, no necesariamente en lugares de trabajo progresivos de tipo startup, con una fuerza laboral joven, ascendente y liberal. Y si bien es un problema más generalizado en ciertas industrias, más personas están sufriendo el acoso sexual en un amplio espectro de espacios de trabajo y en universidades donde el personal académico masculino ha sido sospechoso, durante mucho tiempo, de forzar a las estudiantes a cambio de mejores calificaciones. No reconocer esto significa que las personas están menos dispuestas a tomar medidas colectivas y es más probable que ignoren las reclamaciones aisladas. Por el contrario, Sudáfrica tiene un Código de Buenas Prácticas para el Manejo de Casos de Acoso Sexual, enunciado en sus leyes laborales, ¡y en África Oriental muchas organizaciones están trabajando para cambiar las normas culturales que permiten la violencia contra las mujeres y las personas vulnerables con programas como el SASA!

Movilizar a las comunidades para prevenir la violencia contra las mujeres y las personas vulnerables, incluidos cambios de política, es importante porque inclinan la balanza contra decisiones como la de Dakolo, que hacen que los supervivientes estén menos dispuestos a hablar. Si bien parece que Nigeria se está quedando atrás, organizaciones como Project Alert están trabajando para cambiar la cultura desde cero, con programas de divulgación en escuelas, iglesias, mezquitas y online. Además, Nigeria ahora tiene una lista pública de delincuentes sexuales registrados. No es mucho, pero es progreso.

¿Hay una línea? ¿Quién pone las reglas?

En los espacios donde ya se está debatiendo este tema, las personas a menudo están dispuestas a admitir que no están seguras de qué es lo que cruza la línea, especialmente cuando el depredador no ha sido atrapado ni acusado públicamente por múltiples víctimas. Pero hay señales fáciles de vigilar y todos podemos hacer algo. Si un colega dice que ha sido violado o sometido a un acto de agresión sexual, una respuesta apropiada sería decir “lamento que esto te haya sucedido” y preguntarle a la víctima qué le gustaría que hiciera o qué necesita en ese momento. También puede referir a la víctima a un lugar como el Centro Mirabel, donde puede obtener ayuda. Hay que tener en cuenta que mostrar enfado puede no ayudar mucho. No importa cómo se sienta uno acerca de lo que le ha sucedido a otra persona, no es tu tarea tratar de arreglarlo o tomar medidas sin su consentimiento.

Si no estás seguro de si un colega está siendo acosado o de si alguien que conoce está cruzando la línea, detalles como insinuaciones sexuales no deseadas, bromas o comentarios sexualmente sugerentes, toques no deseados o inapropiados, y el intercambio no deseado de contenido sexual son signos para tener en cuenta. Y si estás seguro de que acabas de presenciar un incidente de acoso sexual en el lugar de trabajo, es importante intervenir, si esa es una posible opción. Haz cuanto puedas para evitar que continúe. También puedes ofrecer apoyo a la persona afectada. Cuando sea posible, documenta lo sucedido para apoyar una posible investigación.

Los empleadores también pueden hacer más. Una política de acoso sexual que defina claramente el acoso es muy útil, al igual que tener un enfoque de tolerancia cero. Al final, debemos ser claros sobre la creación de espacios de trabajo que hagan imposible que los depredadores prosperen, y tomar medidas serias cuando se den casos.

 

Este artículo se publicó como parte de los 16 días de campaña de activismo online para poner fin a la violencia en el lugar de trabajo en Nigeria. Es una campaña dirigida por la Red de Prevención de VBG, coordinada por la organización con sede en Uganda Raising Voices. Se puede seguir la conversación y la campaña en Twitter o en las páginas de Facebook o Instagram de GBV.

Autora: Kechi Nomu

 

Este artículo se publicó con el título #MeToo in Nigeria en la web de Africa is a Country | Traducción: Africaye.

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