Níger, y el fracaso de la política migratoria

Los esfuerzos europeos para frenar la inmigración sub-sahariana han provocado que la migración sea más mortífera y menos segura. Y aun así, miles de personas siguen intentando llegar a Europa para escapar del terrorismo, el hambre y la miseria.

Con el objetivo de luchar contra la migración, la Unión Europea escogió Níger como principal actor para frenar la inmigración sub-sahariana. La idea es muy similar a lo que se ha hecho en Turquía, es decir: crear un tapón para contener la llegada de personas a las costas del Mediterráneo. Han pasado 3 años desde que la Unión Europa creó el Fondo Fiduciario de Emergencia de la Unión Europea para África, cuyo principal beneficiario es Níger, pero el resultado dista mucho de lo que se esperaba.

Para implementar el acuerdo con la UE, Níger aprobó en 2017 una ley que convertía la migración en actividad ilegal. Lo que durante siglos había sido una normalidad, es decir moverse de un lado a otro con un rebaño o mercaderías, está ahora penalizado por una ley que obedece más a las directivas europeas que a la población local. Níger es un país en medio de un desierto con una profunda tradición nómada que choca con las fronteras artificiales de la colonización y la circulación de personas nunca había sido un problema.

Durante años, los passeurs, hacían  negocio llevando personas del Sahel hacia Libia. Esta actividad es muy lucrativa y los passeurs construían su prestigio en función del número de personas que llegaban a Europa. Toda la región de Agadez, vivía del negocio de la migración. Ahora, gracias al Fondo de Emergencia, Europa ha puesto en marcha un conjunto de programas para frenar la circulación de personas que no satisface a nadie. Los líderes nigerinos se quejan que los fondos europeos recibidos no son suficientes y no están bien distribuidos. Una pequeña parte del dinero está destinada a desmantelar esta red de traficantes con el objetivo de incentivarlos a hacer otro tipo de actividad. Pero no es muy difícil adivinar que el dinero que reciben es clamorosamente insuficiente comparado con el que ganaban traficando con inmigrantes y a muy pocos les interesa convertirse en taxista o comerciante. Por otra parte, la gran parte de los fondos acaban en manos de agencias de desarrollo internacionales que no tienen un buen conocimiento del país y que se pierden en gastos administrativos y logísticos.

Cada año se calcula que hay 100 000 personas que cruzan el país con la esperanza de llegar a Europa, un proyecto arriesgado que muchos no llegan a ver. Actualmente, unas 300.000 personas migrantes y refugiadas se encuentran bloqueadas en centros como los de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en una especie de limbo del que no pueden salir. Algunos vienen de países vecinos e intentan llegar a Libia o Argelia para luego cruzar el Mediterráneo. Pero otros vuelven precisamente de allí, ya que han sido expulsados o forzados por unas circunstancias atroces. La OIM dispone de centros de acogida donde internan a estos migrantes a la espera de saber si obtendrán el estatus de refugiado. El trabajo de la OIM, aunque oficialmente trabaja para fomentar la migración regulada, provoca lo contrario al detener a miles de personas durante meses sin dejarlos seguir su viaje o volver a su país de origen.

Por otro lado, aparte de ser un país de tránsito, Níger tiene sus propios retos y dificultades mucho más importantes que la migración.

 

El primero es el preocupante efecto del cambio climático en toda la región del Sahel y especialmente en Níger, donde el calentamiento global se ceba cruelmente en la población. La desertificación y la sequía  provocan la desaparición de cosechas y los recursos hidráulicos escasean. La problemática es doble: los recursos alimentarios se reducen pero la población no para de crecer.

Con un crecimiento de población del 4% anual, se calcula que el número de habitantes doblará en poco más de 15 años. Y es que Níger es el país con más hijos por mujer, alrededor de 7, según las cifras del Banco Mundial en 2016. El presidente Mahamadou Issoufou ya ha avisado a la población de que hay que reducir el número de hijos por familia aduciendo que el Corán aconseja tener hijos sólo si se pueden mantener y educar. El jefe de Estado insiste en que hay que mantener a las chicas en las escuelas en vez de casarlas y encerrarlas en la vida familiar.[3]

Pero sería un error pensar que Níger es un país pobre de solemnidad. Al contrario, su subsuelo está trufado de uranio. No obstante, ésto supone más un problema que una oportunidad. Como otros países africanos, Níger sufre la maldición de los recursos minerales: cuanto más abundan, más pobre es la población. En este caso, la corrupción y las malas prácticas de las multinacionales que extraen el uranio como la francesa Areva, impiden el desarrollo del país. Las empresas como Areva (ahora Orano) escatiman cada año la proporción de dinero que les toca pagar al gobierno para extraer y comercializar el uranio. Una vez el dinero llega al ejecutivo, se cuela por el laberinto de la corrupción y lo que llega a la población no alcanza para mejorar los servicios públicos más básicos.

Estos problemas deberían merecer mucha más atención en Europa, en vez de ilegalizar la circulación de personas. Es más, ayudar a los países del Sahel a paliar los efectos del cambio climático y combatir la corrupción sería mucho más efectivo para reducir la migración.

Pero volviendo a la cuestión de la migración, hay que mencionar que gran parte de lo que pasa con la migración en Níger tiene su causa en la vecina Libia. Desde la intervención de la OTAN y la caída de Gadafi, el caos y la inseguridad se han apoderado del país. La guerra ha sido aprovechada por las mafias, que han visto en la inestabilidad una oportunidad para ganar dinero traficando con seres humanos desesperados, la mayoría de los cuales son esclavizados. Y aunque no se sabe muy bien qué pasa allí, las noticias que llegan no son alentadoras.

No solo las mafias se han aprovechado del vacío político, a la Unión Europea también le conviene. Dicho de otra manera, Libia es un agujero negro para la migración, un tapón de contención para miles de individuos que intentan llegar a la Europa soñada. Los que consiguen salir de Libia, son los que se arriesgan en un bote en el mar o los que son forzados a volver a Níger.

La estrategia de Europa está condenada al fracaso sobretodo porque no es más que un parche a un problema multidimensional. Con la proliferación de discursos conservadores y anti-inmigración, la Unión Europea es incapaz de atacar el problema desde el origen, es decir: paliar la pobreza, fomentar la participación de estos países en el sistema económico internacional, reducir los efectos del calentamiento global y acabar con el terrorismo. Prohibir la migración en el Sahel es un esfuerzo inútil ya solo sirve para que las rutas migratorias se compliquen y se hagan más arriesgadas. Hoy, morir en el desierto es más fácil que morir en el mar.

 

Autora: Helena Cardona, politóloga

 

 

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