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Chad: entre la rehabilitación internacional de Déby y la protesta ciudadana

En la pasada 26ª Cumbre de la Unión Africana, Idriss Déby, presidente de Chad, fue elegido como su nuevo líder, sucediendo en el cargo al presidente de Zimbabue, Robert Mugabe. Este reconocimiento supone el último paso en la rehabilitación internacional de un dirigente que lleva más de 25 años gobernando el país centroafricano con mano de hierro y con un triste currículum de violaciones de derechos humanos y crímenes contra la humanidad.

 

El Boss del Sahel

Jefe del Estado Mayor del ejército chadiano bajo el régimen de Hissène Habré, Idriss Déby llegó al poder en 1990, fruto de un Golpe de Estado perpetrado por él mismo. No era la primera vez que lo intentaba, pero al frente del Movimiento Patriótico de Salvación finalmente logró tomar la capital del país, N’Djamena, en diciembre de ese año y asumió el poder. Aunque expresó sus intenciones de instaurar una democracia multipartidista, rápidamente éstas se vieron olvidadas debido a la enorme atracción que supone el ejercicio del poder.

 

El régimen de Déby no se ha caracterizado por la tranquilidad y el refreno de los militares. Han sido diversos los Golpes de Estado que ha debido superar y las rebeliones militares no han cesado hasta el día de hoy. Estos conflictos tienen diversas razones. Una de ellas es el acaparamiento del poder por la etnia zaghawa, a la que pertenece Déby, en detrimento del resto de grupos étnicos. La desigualdad y la pobreza, exacerbadas desde que en 2001 comenzó la explotación del petróleo, son una fuente de conflictos constante. Asimismo, las guerras en países limítrofes y, especialmente en Sudán, han tenido consecuencias en la política interna de Chad, con el apoyo a rebeldes opositores al régimen de Déby y el gran número de refugiados en territorio chadiano.

 

 

Entre 1990 y 2013 se contabilizan en torno a 20 rebeliones, participación en conflictos y guerras civiles por parte de Chad, desde las rebeliones pro-Habré a comienzos de los 90 hasta la participación de Chad en conflictos como Sudán y, notoriamente, República Centroafricana. De especial importancia ha sido el conflicto de Darfur, en Sudán, que estableció un escenario desde el cual grupos rebeldes chadianos actuaban contra el poder en N’Djamena, amparados por el gobierno sudanés y que, a día de hoy, persisten, como la Unión por la Fuerza y la Resistencia (UFR), pese a que ambos países firmaron la paz en 2009.

 

Esta participación en diversos frentes y el carácter autoritario de su régimen han tenido terribles consecuencias en la población civil. Además de soportar los elevados niveles de pobreza y desigualdad que sitúan a Chad en el puesto 185 (sobre 188) del Índice de Desarrollo Humano de la ONU, las violaciones de derechos humanos y las masacres han sido cuantiosas, contándose entre otras ejecuciones extrajudiciales, ejecuciones de opositores al régimen, pueblos quemados, o prisioneros torturados y ejecutados de forma extrajudicial. Solamente el Collectif de Solidarité avec les Luttes Sociales et Politiques en Afrique  -una asociación creada en 2009 en Francia con el objetivo de apoyar a los demócratas africanos y promover reformas de las políticas francesa y europea- contabiliza 31 masacres y violaciones de derechos humanos entre 1990 y 2009, todas ellas documentadas. La libertad de prensa no existe y la vida de los defensores de derechos humanos y periodistas se encuentra en serio riesgo. Además, Chad es tristemente célebre por el enorme uso que durante todas las guerras han hecho de menores en el seno de grupos armados, ampliamente denunciado por Amnistía Internacional, incluso en fecha tan tardía como 2011.

 

La rehabilitación internacional de Idriss Déby

La teoría de la identidad social resulta una herramienta útil también en el contexto de las Relaciones Internacionales para ver cómo individuos o grupos humanos definen su identidad y en base a qué elementos. Para ello, pueden llevarse a cabo distintas estrategias: i) de movilidad social, adaptándose a las normas dominantes para conseguir aceptación; ii) de confrontación social, desafiando esas normas; iii) de creatividad social, revirtiendo una característica negativa o buscando un nuevo ámbito en el que se pueda destacar positivamente.

 

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En el caso que nos ocupa, Déby necesitaba cambiar su identidad de “dictador africano” a otra que resultase aceptable para el resto de actores que deciden qué es y no legítimo en el sistema internacional. Las razones de este giro son diversas: recuperar legitimidad internacional, posicionarse como un aliado importante contra el yihadismo en el Sahel -y la inversión militar que ello conlleva-, aprovechar el vacío de poder en la región dejado por la caída de Gadafi, etc.

 

Déby ha seguido una estrategia de creatividad social basada en presentarse como un aliado en la guerra contra el terror, manteniendo la impunidad por los delitos cometidos y el carácter de su régimen totalitario. Esta estrategia se ha desarrollado a través de la paz y la seguridad en la región saheliana, especialmente tras la caída del régimen libio. Se ha convertido en el “gendarme del Sahel”, enviando tropas a luchar a Malí junto a los franceses; siendo uno de los contingentes más representativos de la misión de la Unión Africana en República Centroafricana (MISCA) en 2013, hasta que sus fuerzas se retiraron por las acusaciones de asesinatos de civiles inocentes, de entrada en suelo centroafricano y de colaboración con las fuerzas cercanas al exjefe de estado golpista, Michel Djotodia; y siendo uno de los impulsores de la Fuerza Multilateral Conjunta que se bate contra Boko Haram.

 

Esta labor ha tenido su reconocimiento internacional. No exclusivamente, pero en gran medida, gracias a Francia, Chad ha pasado del ostracismo internacional a ocupar sillones de importancia en organismos internacionales. A finales de 2013 Chad resultó elegido miembro del Consejo de Seguridad de la ONU para el período 2014-2015 y también miembro del Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana. Además, resucitó la Organización de Estados Sahelo-Saharianos (CEN-SAD) de Gadafi. El apoyo financiero y militar de Estados Unidos aumenta en el ámbito de seguridad y en materia antiterrorista, aunque las cifras desde 2012 son opacas. Esta política entra en oposición con sus propias normas en materia de financiación militar a países que violan los derechos humanos, como es el caso de Chad.

 

Francia ha intervenido en diversas ocasiones para salvar a Déby de la debacle en su propio país -la última en 2008- y ha establecido en N’Djamena el cuartel general de la Operación Barkhane. Finalmente, e influida por la postura francesa, la Unión Europea aprobó el 11º Fondo Europeo de Desarrollo 2014-2020 con una ayuda de 442 millones de euros sin condiciones a Chad y su incorporación en la estrategia de seguridad de la Unión para el Sahel, lo que supone la rehabilitación de Déby como figura legítima a nivel internacional y lo que es más preocupante, la connivencia de las políticas exteriores europea y francesa.

 

Un último apunte en esta estrategia de rehabilitación y lavado de imagen, ha sido la aceptación por parte de Déby de que Hissène Habré, el antiguo dirigente chadiano, sea finalmente juzgado por los crímenes cometidos durante su régimen, lo cual resulta engañoso, ya que Déby participó en muchos de esos crímenes bajo las órdenes de Habré.

 

Protestas ciudadanas y perspectivas para Chad

Ninguno de estos cambios a nivel institucional repercute en la situación de la población chadiana. Los ingresos procedentes del petróleo no se reparten entre la población y la participación militar ha sido pagada con el dinero de los contribuyentes. Las protestas desatadas entre la población, que reclama sus derechos sociales, se saldan con represión y detenciones de manifestantes. Mientras la comunidad internacional calla y la venta de armas sigue fluyendo, Déby persistirá en la opresión de su pueblo, envalentonado por el apoyo internacional y decidido, el próximo abril, a presentarse de nuevo a las elecciones presidenciales. Pero la sociedad civil se está organizando para impedir que esto suceda. La violación de una estudiante de secundaria el pasado 8 de febrero ha desatado una serie de protestas estudiantiles por todo el país que han culminado en el lanzamiento de la plataforma “ça suffit” (ya basta), a cargo de la Unión de Sindicatos de Chad y que agrupa a veinte asociaciones, incluyendo la Liga Chadiana de Derechos Humanos. El objetivo es pedir la salida de Déby. ¿Seguirá Chad el camino de otros países de la región como Burkina Faso?

 

 

Autora

Victoria Silva Sánchez es periodista y experta en relaciones internacionales. Ha colaborado con el Instituto de Estudios de Conflictos y Ayuda Humanitaria (IECAH) o Acción contra el hambre. Escribe para diversos medios de información internacional. Sus áreas de interés son el terrorismo, los Derechos Humanos, el mundo árabe y musulmán y el mundo negro. @VickyShishaz

 

Foto de portada: Nicolás Raymond.

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