Fraude, negocios y política

Cómo robar en África de manera perfectamente legal

Cuando el Primer Ministro del Reino Unido, David Cameron, abra hoy el Encuentro Anticorrupción, deberíamos ser conscientes de que el fraude más grande perpetrado contra la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas del mundo es perfectamente legal.

África pierde, al menos, 50.000 millones de dólares al año –probablemente mucho, mucho más que eso– de manera perfectamente legal. Cerca del 60% de esas pérdidas son consecuencia de una agresiva evasión de impuestos cometida por corporaciones multinacionales, las cuales organizan sus cuentas para derivar sus beneficios a paraísos fiscales, donde no se pagan impuestos, o se pagan muy pocos. Gran parte del resto es consecuencia del crimen organizado y, en una cantidad menor, de la corrupción. Éstas fueron las conclusiones del Panel de Alto Nivel sobre flujos financieros ilícitos en África, dirigido por el ex presidente sudafricano Thabo Mbeki hace un año.

Este importe es igual o incluso mayor al de la ayuda oficial al desarrollo (52.000 millones de dólares al año) o las remesas (62.000 millones) que recibe el continente. Si consideramos el stock acumulado de estos flujos financieros ilícitos desde 1970 y tenemos en cuenta la rentabilidad de ese importe, África ha enviado al resto del mundo, siendo conservadores, 1,7 billones de dólares. África es, por tanto, un exportador de capital.

El resto del mundo no ha oído hablar mucho del Panel dirigido por Mbeki ni de sus conclusiones hasta que los Papeles de Panamá revelaron en qué medida todo esto es parte de un fenómeno global. Los ricos no pagan impuestos. El resto de nosotros pagamos por todo.

La OCDE llama a este fenómeno “erosión de la base imponible” –en referencia a la supresión de la base fiscal de los países afectados– y “traslado de beneficios”. Los beneficiarios son una pequeña fracción del 1% más rico del mundo, y las jurisdicciones secretas –es decir, los paraísos fiscales–, donde acaban secuestrando el dinero. Estos lugares son la ciudad de Londres, numerosos territorios británicos de ultramar, Suiza, y nuevos participantes en el negocio global de la inversión de los fondos de los súper-ricos, quienes prefieren no pagar impuestos. Países que incluyen las Islas Mauricio, las Islas Seychelles, Botsuana o Ghana, están intentando entrar en esta competición.

Y la inmensa mayoría de todo esto es perfectamente legal.

 

Alquimia contable

Hace doscientos años, la esclavitud era un negocio legal. Hace cien años, la ocupación y explotación colonial era legal. Hoy en día el empobrecimiento legal lo realizan los contables.

Esta dimensión de la actividad financiera no ética no es capturada por Transparencia Internacional (TI) y su Índice de Percepción de la Corrupción. Ese índice es, efectivamente, una medida de percepciones. Pero, ¿por qué y por quién? Como la Comisión Económica para África de Naciones Unidas observó recientemente, se basa en preguntar, a actores clave en el poder, qué es lo que ellos piensan sobre el nivel de corrupción de su país. Muchos de esos actores son inversores extranjeros. Usando este enfoque, un país como Zambia tendería, como es de esperar, a puntuar alto en corrupción –el 76º peor de 168 países. Mientras que Suiza puntúa bajo –7º puesto.

Pero la perfectamente legal transferencia de riqueza de África a Europa no es analizada por este índice. Como la misma TI señala, “muchos países “limpios” tienen registros en ultramar poco fiables”. Considerando esto, el destino número uno para las exportaciones de cobre desde Zambia es Suiza, quien registró el 59,5% de éstas. Sin embargo, las propias importaciones de Suiza de ese año apenas contuvieron mención al cobre. ¿Se desvanecieron en el aire las principales exportaciones de este país africano? Los números de 2015 sugieren que, de hecho, muchas de esas exportaciones fueron destinadas a China (31%), aunque Suiza siguió siendo el número uno (34%).

La respuesta a la pregunta sobre a dónde va el dinero está en la alquimia contable. Las corporaciones internacionales presentan sus libros contables de una manera en la que pagan los menos impuestos posibles, sea en Zambia o en China. Y no pagan mucho en Suiza tampoco –porque desde Suiza no se lo piden.

De repente, la puntuación de Suiza, 69 puestos por encima de Zambia en la liga de la honestidad, aparece un poco sospechosa. Aunque, por supuesto, es perfectamente legal.

Desde el punto de vista de Zambia, lo que cuenta es la corrupción definida por los ricos y poderosos. Cuando el país es robado por perspicaces trucos contables, contra los cuales su gobierno y su población no tienen ningún recurso, es sólo causa del funcionamiento de un libre mercado controlado –como lo son todos los libres mercados– por corporaciones que tienen suficiente poder como para definir las reglas.

 

Dinero político en un mercado político

Otra característica poco notada, pero significativa de los flujos financieros ilícitos procedentes de África es que hay flujos inversos ocasionales. Los movimientos de vuelta hacia los países africanos no son tan grandes como los de salida, pero son importantes. Lo que está ocurriendo aquí es que hay un viaje de ida y vuelta: la desaparición de fondos hacia lugares más seguros para que puedan ser traídos de vuelta, con origen inexplicado y sin preguntas innecesarias.

La misma corporación multinacional que está defraudando a un país africano puede pagar dinero en la cuenta offshore de uno de sus líderes políticos. O bien ese líder puede enviar los fondos fuera del país por otros motivos. Nuestra principal inquietud aquí no es el dinero invertido en el sector inmobiliario de Francia, o en yates, coches deportivos o empresas comerciales extranjeras. Estas cosas son las pólizas de seguro del político en caso de que algo salga mal en casa, o el ticket para entrar en el club de la élite global. Por el contrario, nuestra preocupación es la cantidad de dinero líquido, sin invertir, que se mantiene para ser enviado de vuelta a casa cuando sea necesario –el dinero que vuelve para financiar elecciones, comprar lealtades y, de diversas maneras, asegurar su permanencia en el poder. Ése es el presupuesto político por excelencia: los fondos usados por operadores de negocios para propósitos políticos discrecionales.

En Estados Unidos, casi cualquier tipo de financiación política que uno se pueda imaginar se puede realizar de manera legal con un contable y un abogado lo suficientemente inteligentes. Los Comités de Acción Política pueden gastar tanto dinero como quieran en apoyo de un candidato. La financiación de la campaña, en  esencia, no tiene techo.

En África, las leyes de financiación política o no existen, o son laxas. Gastar ingentes cantidades de dinero para ganar un despacho oficial –o para permanecer en él- no incumple ninguna ley. La monetización de la política es una de las grandes transformaciones en la política de África de los últimos 30 años. Está generando desigualdad, consolidando una élite político-comercial que tiene un cuasi-monopolio en el gobierno, fusionando negocios corporativos con autoridad estatal, y haciendo que la vida pública se someta a las leyes de la oferta y la demanda. Los mercados políticos están poniendo la marcha atrás a la construcción del estado, transformando el establecimiento de la paz en una lucha constante contra una marea de mercenarios de la violencia, y –más concretamente- convirtiendo las elecciones en una subasta de lealtades.

El dinero político está desprestigiando la democracia. Algunas de las transacciones que constituyen los mercados políticos africanos son descaradamente corruptas, pero muchas son simple rutina en el funcionamiento de sistemas políticos basados en el intercambio de favores políticos y recompensas materiales.

Sí, hay corrupción en África, justo como hay corrupción en el comercio y las finanzas internacionales. Pero cuando hoy, el Primer Ministro David Cameron abra el Encuentro Anti-Corrupción, todos nosotros deberíamos ser conscientes de que el fraude más grande perpetrado contra la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas del mundo –y especialmente para los africanos y las africanas- es perfectamente legal.

Autor

Alex de Waal es Director de la World Peace Foundation.

Este artículo se publicó originalmente en African Arguments.

Traducción del inglés: equipo de Africaye.

Foto de portada: AMISOM

De Waal

<span>One</span> Response to: Cómo robar en África de manera perfectamente legal

  1. gravatar <cite class="fn">Raúl</cite> Responder
    agosto 14th, 2016

    Sin duda la corrupción es un cáncer bastante expandido en África. Tenemos el caso de autoridades de Guinea Ecuatorial y la mafia italiana, los Galassi puntualmente, realizando sobornos para obtener licitaciones o sentencias favorables. Pueden ver uno de los explícitos videos en los siguientes enlaces:

    https://www.youtube.com/watch?v=bLtWw0A5S00

    http://diariorombe.es/segundo-video-magistrado-de-la-corte-suprema-de-justicia-recibiendo-sobornos/

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