¿De la tragedia al milagro?

Las trampas del afro-optimismo que viene

Hablar de África en positivo está de moda. Y eso sería una buena noticia si, tal y como han venidos insistiendo sectores africanistas en las últimas décadas, pusiera el acento en visibilizar las cosas positivas de África Subsahariana o aquellas relacionadas simplemente con la cotidianeidad, con la normalidad. Sin embargo, el análisis que se ha hecho sobre África ha vivido constantemente instalado en la excepcionalidad y ese ha sido parte del problema. África se ha explicado –literalmente-, como “pesadilla de la modernidad”. Y ese es el relato que ha acabado contaminado nuestro imaginario, nuestra forma de entender y aproximarnos a África.

Decía, sin embargo, que eso es ya cosa del pasado, porque lo que algunos medios de comunicación, dirigentes políticos y organizaciones internacionales vienen ensalzando en los últimos años es precisamente una versión distinta: el relato del “África emergente” (Africa rising). Para muchas de estas voces -entre las que se encuentran el Banco Mundial, el FMI, revistas prestigiosas como The Economist (véase el giro discursivo en tres de sus portadas en pocos años) o Time, o multitud de consultores y periodistas- África está presenciando una serie de transformaciones que dan cuenta de esta nueva realidad esperanzadora: ante todo y sobre todo, un crecimiento económico sostenido en la última década, pero también la celebración masiva de elecciones multipartidistas desde mediados de los noventa, el nuevo papel de la Unión Africana que desde 2002 abandera la idea de “soluciones africanas para problemas africanos” o la mejora de indicadores sociales como el índice de alfabetización, entre otros aspectos.

Presentación1Todas estas transformaciones pueden parecer buenas noticias, pero vuelven a ser, sin embargo, parte incompleta de una historia que nuevamente está siendo narrada desde fuera como excepcionalidad. El “afro-optimismo”, en este sentido, es un relato del que cabe sospechar. No sólo porque parte de esta historia tenga muchos matices (el crecimiento macroeconómico no está conllevando mayor redistribución, ni las elecciones son sinónimo de mayor democratización, por citar solo dos ejemplos) sino porque el discurso surge en un contexto geopolítico y geoeconómico determinado.  En un contexto multipolar y de crisis del propio sistema capitalista, África Subsahariana, se ha convertido en un escenario clave (lo ha sido siempre) de disputa de nuevos territorios y de recursos naturales. El relato del “África emerge” quiere convencernos que en pocos años, las mismas políticas neoliberales que condenaron al continente a la llamada “década perdida”, son ahora el milagroso causante del éxito.

Nada de eso. África se encuentra en plena efervescencia social y política, y esa es una muy buena noticia. Pero muchas de las coordenadas que caracterizan dicha efervescencia cabe explicarlas desde dinámicas internas, desde los propios procesos sociopolíticos locales, y no desde la aplicación de las recetas externas. Por otra parte, y desde una perspectiva “afro-realista”, el futuro a medio plazo del continente está lleno de enormes desafíos que pasan por la preocupante polarización socioeconómica que también padece la mayoría del  planeta, por un impacto del cambio climático en sus sociedades verdaderamente extraordinario (y en el que los procesos de producción y consumo del Norte global son los principales causantes) o por un crecimiento demográfico y por procesos de rápida urbanización, que están desembocando en la configuración de ciudades con enormes problemas de salubridad y en el que la población joven adolece de una falta de oportunidades generalizadas.

Ni el afro-pesimismo ni el afro-optimismo, discursos con un gran potencial para determinar decisiones políticas o para influir en el imaginario colectivo, pueden ayudarnos a entender el presente y futuro de África. Huir del simplismo y la excepcionalidad que han caracterizado tradicionalmente la narración sobre el continente se erige sin lugar a dudas como un asunto clave. Entender las interdependencias generadas por la globalización y el papel que África desempeña en ese escenario globalizado, así como acompañar los procesos sociopolíticos locales son dos aspectos que pueden ayudar a trenzar una aproximación diferente en clave de complejidad, y en el que la geopolítica y la historia sean también elementos fundamentales.

 

***Para analizar en profundidad algunos de los aspectos planteados en el artículo se recomienda la lectura del cuaderno “´¿De la “tragedia” al milagro”? África subsahariana en el nuevo contexto multipolar”

 

Vídeo de presentación del cuaderno.

 

Foto de portada: Eva Vendrell

(Barcelona, 1978). Politólogo y doctorado en Relaciones Internacionales, aunque siempre acabo citando a sociólogos y antropólogos, ¿por qué será? “Sólo sé que no sé nada” debería ser la máxima que imperara en cualquier sitio, especialmente en las tertulias de TV y radio. Tratando de leer el mundo siempre desde abajo. Optimista de la voluntad. Rastreador de alternativas económicas, sociales y políticas. Dos años en Sierra Leona me ayudaron a corroborar aquello de Galeano de que “somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”. @oscarmateos1

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