Protestas, revoluciones populares y permanente primavera al sur del Sáhara

Los 15M africanos

Túnez, Egipto, Madrid, Atenas, Barcelona, Nueva York, Estambul y hasta Hong Kong. A la mente vienen muchas imágenes de las Primaveras, de este ciclo global de protestas que inició la inmolación  de Mohammed Bouazizi en 2011. Sin embargo, pocos mapas sitúan alguna de las Primaveras en África Subsahariana. Casi al mismo tiempo en que las plazas del mundo se llenaban de protestas, el discurso hegemónico lanzaba la idea de que África era un continente por redescubrir para la inversión y el capitalismo. Era el Africa Rising, el afro-optimismo. Hoy, los africanistas Adam Bench y Zacariah Mampilly lo han querido matizar: es el Africa UPRising. De la creciente África, preparada para recibir inversiones, que permanece fuera de la Historia y de este ciclo de protesta global del que hasta el Time se hizo eco; al África que se moviliza, la que escribe la Historia con el polvo de sus levantamientos populares.

Como resultaba del todo imposible que un continente con los antecedentes de África, capaz de independizarse a base de huelgas y manifestaciones, estuviera ausente en este ciclo internacional de movilizaciones, lo primero que hicieron Bench y Mampilly fue ponerse a contar cuántas protestas se habían dado. Y les salieron unos sorprendentes datos.

 

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Mapa de países con alguna protesta 15M. Elaboración propia según datos de “Africa Uprising” de Adam Branch y Zachariah Mampil.

 

Entre 2011 y 2014, de los 47 países que conforman África Subsahariana, 33 habían vivido al menos una protesta como el 15M en sus calles. Es evidente que se puede decir que la región está siendo protagonista de este ciclo mundial de indignación. Sin embargo, desde el Norte no nos reconocemos en ellas. Nuevamente los estereotipos africanos y las barreras a la información que proviene de la región han actuado.

 

El África durmiente, o el África en vilo

Tendemos a pensar a los africanos y las africanas como sujetos pasivos. Son víctimas, porque sufren abusos de poder por parte de sus élites –a las que siempre pensamos desconectadas del resto de la sociedad, por cierto. Son indefensos, frente a los ataques y saqueos de las multinacionales y los países poderosos. Son agradecidos, ante la ayuda y las buenas intenciones de quienes vienen del Norte. Y cuando no son nada de esto, son cómplices del resto de actores que intervienen en el continente y que, decimos, son los verdaderos protagonistas de África: el saqueador, el político corrupto, el cooperante, el voluntario, el militar…

Con un escenario así, solemos sobreentender que las protestas sociales y civiles en África no pueden producirse. Cuando hay conflicto –toda protesta, en todo lugar, es un conflicto– los africanos y africanas lo transforman en violencia. Y ya sabemos, porque nos lo dicen nuestros estereotipos, que toda violencia africana es étnica, atávica e inescrutable.

Pero la realidad del anterior mapa nos golpea. 60 Primaveras africanas entre los años 2011 y 2014. Unos años en que, cabe recordar, África vivía un ciclo económico de crecimiento que no se traducía en una mejora de las condiciones de vida de la población, igual que cuando Europa estaba dormida entre 2000 y 2007.

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Número de protestas 15M por países. Elaboración propia según datos de “Africa Uprising” de Adam Branch y Zachariah Mampil.

 

Crecimiento sin igualdad – Democracia sin participación

En este ciclo económico expansivo en África, los países de la región han crecido a porcentajes que solo estaban a disposición de gigantes como China. Aún hoy, en 2016, el país que más se espera que crezca en el mundo es africano: Etiopía, cerca del 9%. Junto a este crecimiento y a esta ola de afro-optimismo, se ha instalado el discurso sobre la creación de clases medias africanas. Se reproducen los modelos neoliberales de lucha contra la exclusión, en los que la única política posible contra la pobreza es animar a la gente a convertirse en clase media, incrementando su consumo y no mejorando sus condiciones de vida. Las inversiones extranjeras han sido utilizadas para legitimar a los líderes políticos a través de la creación de infraestructuras que, en su mayoría, no prestan servicio a las clases populares. La nueva riqueza, generada por el comercio o por la explotación de recursos naturales, no está provocando la reducción de la pobreza, sino el aumento de las desigualdades sociales y económicas en África Subsahariana, la destrucción de sus medios de vida y el deterioro del medio ambiente. Son tiempos de cambio político al Sur del Sáhara pero la política formal africana, lejos de dar respuesta a esta demanda democrática, se atrinchera y se resiste a compartir el poder. Los múltiples casos de intentar alargar los mandatos presidenciales son un ejemplo claro. Los 15M de África han dicho basta a esta situación política presentando una mayor exigencia democrática, paralizando reformas constitucionales o, como en Burkina Faso, provocando la caída de gobiernos y rebatiendo Golpes de Estado.

Igual que en el ciclo global de protesta en el que se insertan, las Primaveras Africanas son lideradas por los jóvenes. África es el continente más joven del mundo, y la brecha generacional se acentúa no ya por la cantidad, sino por hechos cuantitativos. La Administración está copada por las redes neopatrimoniales, las elecciones multipartidistas no han supuesto un incremento en el reparto del poder, y las clases populares se han politizado gracias a los discursos prodemocráticos, de Derechos Humanos y antipobreza.

Como el Estado no ayuda, los jóvenes construyen por su cuenta. Y lo hacen, como muy bien documenta Carlos Bajo, caso a caso, armado con móviles y redes sociales. Son las nuevas herramientas del cambio social africano.

 

Pocas victorias, grandes resultados

Pero un triunfo cuesta caro. Se hace imposible encontrar una experiencia en toda África –o en todo el mundo- que haya triunfado completamente a partir de la Primavera. Quizás, como afirmaba Serge Sivya, de La Lucha (RDC), sólo con la repolitización de la sociedad ya se está triunfando. Aún así, ha habido episodios de victoria, batallas ganadas, como la paralización del Golpe de Estado en Burkina, o la lucha contra el fraude electoral en el Senegal de Wade. Pero el movimiento necesita hacerse grande, fortalecerse, y lo sabe.

A finales de 2015, los diferentes movimientos africanos se reunieron en Dakar bajo el paraguas de una organización que no para de crecer: Africtivistes.  Poco a poco, ya lo avisamos en Africaye, se está empezando a construir un nuevo Panafricanismo que no busca el fin de la frontera africana, sino la democratización de los Estados desde la base.

Goma, Maputo, Uagadugú, Dakar, y hasta Lagos. Aprendan estas ciudades, apunten estas Primaveras, estos 15M, porque serán las que hagan la Historia de una revolución en África Subsahariana que se está escribiendo hoy día.

 

15M africanos

 

Foto de portada: adaptación de una imagen de Michael Thompson

(Madrid, 1980) Soy un politólogo madrileño que vive en Barcelona, aunque con esto de la paternidad mi puente aéreo se ha visto reducido. Ex Naciones Unidas y en diferentes ONGs, un día comencé un doctorado sobre África, pero nos peleamos y le perdí la pista. Ahora trabajo en temas de pobreza y exclusión social, que es como eso de la cooperación, pero sin viajes internacionales. También colaboro con el Centro de Estudios Africanos de Barcelona. Desde 2006 intento entender la política africana y las relaciones internacionales con el blog El Señor Kurtz, aunque también tengo otro donde hablo, entre otras cosas, de política, pobreza y exclusión social, la situación del espectáculo. No sé estarme callado, y discutir es mi afición favorita. Los de Africaye no se quejan mucho de mí, son buena gente. @elsituacionista

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